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Evadiendo la política climática



Osvaldo Osorio

Acordes Políticos

Imagen obtenida de: mexicoenergetico.com
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La política de la evasión puede ser muy fácil, pero tiene consecuencias que complican nuestro vivir. No se necesita tener sabiduría científica para saber que el cambio climático es una realidad innegable de nuestro mundo. Los constantes cambios de temperatura, el derretimiento acelerado de los glaciares, o el agravamiento de fenómenos como el Niño nos dan una dosis de lo que puede ocurrir si seguimos siendo meros espectadores ante tal tragedia. La cuestión no es ambiental, es un asunto político que sólo puede ser atacado con políticas públicas serias que logren subvertir la mentalidad evasiva por una impulsiva. Pero ya sabemos que para llegar a tal decisión, hay que meterle mano a los grandes intereses que se codean con los gobernantes, como si fueran su más íntimas musas. Claro está, es innegable, que las grandes compañías petroleras —y amasadas de los gases invernaderos— van a tener recelos contra cualquier medida profunda hacia el cambio climático.

No podemos ignorar que, ante la sequía, no hay agricultura sólida —de hecho, países con alta producción agrícola podrían perder una parte significativa de su PIB si la merma del agua sigue en alzada. Es palpable que lo climático va con lo económico, y por ende, sería una ineptitud no plantear el dilema ambiental como uno político.

El cambio climático no es un asunto entre liberales y conservadores; es trascendental al plano de las tribus partidistas; es la coyuntura existencial que necesita de verdaderos líderes para, al menos, reducir los impactos negativos que conlleva el calentamiento del planeta. Hoy nos atormentamos por lo ocurrido en el olvidado Vanuatu, pero mañana puede ser cualquier isla del Caribe. Los periodos de sequía no son una novedad en una zona que clama por una sobredosis puntal de agua. Aquí no se trata de clichés ni de discursos bonitos, es la pura realidad que vivimos.

Los gobiernos de América Latina deben entender que para ser ejemplos del Sur deben empezar a defender la mano que les da de comer. La región tiene nexos de vulnerabilidad con las variaciones climáticas, es obvio que el Niño viene más fuerte que el año pasado, y no es porque ha crecido, sino porque la futilidad sistemática de los Estados le ha dado rienda suelta para seguir creciendo. Lo real no deja de culpar a la política, pero aún falta mucho por encontrar a esos que dejen la hegemonía discursiva de la evasión por la difícil tarea de decir acción.

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