El péndulo

Mauricio R. Gallardo

Péndulo

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De no ser por lo revolucionario que suena, podríamos decir que durante el último tiempo, Latinoamérica se ha transformado en una región digna de analizar con más profundidad. Esto, por cierto, considerando que además del fuerte beneficio que significa para los mercados, la sensibilidad que representa al mismo, es algo que no deja indiferente a nadie. Cabe decir, por lo demás, que nada es tan atractivo como una situación como esta, ya que ello invita en cierta forma, a reformular y actualizar en ideas lo antes posible, un bien que es fundamental en el buen desarrollo global, es decir, sus usuarios (habitantes).

De la misma forma en que esto es leído por los maduros y profesionales observadores, el ritmo que está llevando la ciudadanía está demostrando una mayor capacidad de recepción, vale decir, conocimiento, aplicación de sus demandas, inquietud por lo que hasta no mucho tiempo atrás era intocable (constitución) y por qué no decirlo, más minuciosidad en la responsable confianza hacia sus líderes en cualquier rubro que los represente. Los ejes cada cierto tiempo “cambian de color”, por no decir, pensamientos con un grado de idealismo un poco más elaborado. Esto no significa que finalmente los países se deben ver obligados a adaptarse a ello, nada más saber convivir con tales doctrinas locales, muy distinto a lo que enseñan las agrupaciones un tanto “pasados de moda”.

Ni en la historia del siglo veinte podemos encontrar tal nivel de sensibilidad o pasión como lo hay ahora, es decir, dentro de los avances que podemos ser testigos día a día, agregamos aquellas visiones un tanto localizadas pero que en bien de saber ubicarlos en el lugar y tiempo adecuado, tienen aquel espacio que merecen (por el momento), hasta que quede demostrado cuál es su real participación en la era de la modernidad, o sea, hoy.

Más que hablar sobre funcionalidad social, debemos saber cuáles son los fines por las que se están tomando ciertas decisiones, ya que ello puede evidenciar con claridad la dirección que el poder está generando. El cúmulo de decisiones que se toman en el camino, da a entender el tipo de desarrollo con que se puede contar en el ámbito social, independiente de cómo las tecnologías están llegando a más rincones de cada nación. Es cierto que existen sorprendentes diferencias en este ámbito, nada novedoso si también “contamos” con pensamientos y elecciones bastante llamativas, por decir lo menos, que a su vez no dejan que la pieza de engranaje necesaria, se ubique en el lugar correcto y su motor o alma cultural, deje que la actualización por fin llegue con más eficacia.

Estamos en una encrucijada muy interesante, ya que ello nos está enseñando la profunda necesidad de advertir que los cambios no pasan por simples y, tal vez, inspiradores mensajes “políticos”. Lo que hay por ahora es, un gran aprendizaje pendiente, intelectualmente maduro, simbólicamente crucial, válidamente apoyado y necesariamente representativo. Es un mal decir que no son indispensables estos escenarios, por cierto que lo son, pero necesitan del apoyo sustancial, robusto y mejorado de sus beneficiarios.

Más vale tarde que nunca, y claro, eso es lo que hoy se oye más seguido, cuantificando por ahora, el significado “real” del bien común. Nada de sospechas, es el camino correcto que sin duda se debe seguir. El peligro está cuando no ocurren las diferencias y en consecuencia no mirar de forma correcta “la parte del vaso vacío”. Como un imperio antiguo, conquistando tierras, generando una ley para todos, pero al mismo tiempo, estancando lo que llamamos, el progreso. Esa dependencia letal es lo que podríamos generar si en el poder la uniformidad se hace presente (vale decir que ello dentro de una región de naciones).

El peligro existe en la medida que no se da el espacio para discutir, entre otras cosas, el populismo por un lado, y el mercado moderno por el otro. El populismo no necesita tanta ciencia si este se ve sostenido sin discusión, a no ser que ello esté brutalmente afectado por “negociaciones” que invita a la seria reflexión y “cambio en las reglas del juego”. Y claro, la evidencia siempre es muy alarmante si además, esto es notorio desde simples declaraciones, hasta profundos estudios que avalan tal amenaza.

Está demostrado que los mercados actuales tienen una participación fundamental en el área, incluso, política, pero esto no significa que todo “dependa” de ello. Hay pensadores que advierten que ni el populismo ni los mercados por sí sólo, pueden actuar independientes. Esto es lo que hoy en día está en cuestión, es decir, si seguimos en el camino de los sueños con grandes promesas, o lisa y llanamente vamos por el precio de la vida y todo lo que ello involucra, transformándolo en el principal eslabón de la modernidad, versus, eficiencia.

Lo que a ciencia cierta hay que rescatar, va de la mano con el cuidado moral que, por supuesto, no puede ser reemplazado bajo ningún punto de vista. A ello se agrega lo que hoy en día es un tema un tanto acusatorio, es decir, medio ambiente. Lo que despierta otros conceptos un tanto revolucionarios, como es, la calidad de vida y de los elementos que lo conforman. América latina de hoy crece con mayores expectativas, ya que estos temas son alma y parte de su identidad, es decir, tanto recursos humanos, ambientales (materia prima) y de mercado, van sin duda de la mano. Un atractivo que está dando mucho que hablar, especialmente donde las fuerzas del poder, el populismo y el mercado, hacen de este escenario un llamativo, péndulo.

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