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¿Por qué no leer la Biblia?

Elvis Alejandro Zorrilla

Cartas abiertas

Biblia

Todo empezó cuando tenía 4 años. Mi madre me había dado un lapicero y una sentencia que hasta hoy retumba en mis oídos. Me dijo, “Es hora que empieces a leer” y se fue dejándome con un libro en las manos y un lapicero de color azul. No recuerdo qué más pasó, sino hasta que me vi garabateando el libro de pequeñas letras indescifrables. Años después me di con la gran sorpresa que había rayado la palabra de Dios, la Biblia.

La primera vez que empecé a leerla entendí que estaba perdiendo mi tiempo, había caído en el juego de aquellas frases que había escuchado: “Dios te hablará”, “¡Es el libro más leído!”, “Es difícil de entender, pero tiene el secreto de la vida”. Cuando entré a la universidad comencé a llenar mi cerebro de muchos libros que no tuvieran nada que ver con Dios, Jehová, Yahvé, Israel o Jesús, y poco a poco fui perdiendo el interés por aquel libro que una vez había garabateado y empezado a leer.

Luego de un buen tiempo, intenté desacreditar su veracidad leyendo a diversos autores que contradecían todo su contenido, pero a la vez me tomaba un tiempo para examinar intelectualmente la Biblia. No podía aceptar que muchos cayeran en el juego y creyeran en algo que no tenía un fundamento sólido. Sin embargo, descubrí pruebas históricas convincentes para su fiabilidad y desde ese momento entendí de cuán equivocado estaba.

Hoy en día tengo compañeros que la critican en gran manera, pero cómo criticar algo que ignoramos. Empecemos. Cualquier escritor serio te va a decir que la Biblia contiene casi todos los temas de la literatura, los mismos que se han repetido hasta el día de hoy, incluso anticipa géneros o sistemas filosóficos: el Cantar de los Cantares es poesía, pincelada, en cierta parte, de erotismo; el Eclesiastés es el germen del existencialismo y la filosofía; el tópico del Éxodo ha sido tratado en miles de novelas e historias durante siglos (baste citar a Faulkner en “Mientras agonizo”, Steinbeck en “Las uvas de la ira” o Rulfo en “Nos han dado la tierra”); incluso, lo diré con cierto temor, se puede ir más lejos y afirmar que el libro de Daniel y el Apocalipsis son los precursores primigenios de la literatura de ciencia ficción (libros proféticos que hablan de un futuro muy cercano, atento a ello), concretamente del subgénero posapocalíptico. Compañeros, podemos llorar todo lo que queramos e incluso hacer “pataleta”, pero la cultura occidental se basa tanto en los griegos como en la Biblia.

Ahora bien, el valor literario se basa en el contenido de la obra, un libro no es un clásico porque es bonito o porque se escribió primero que otros. La Biblia no es un libro, es EL libro. ¿No me creen? Ok.

Notas a tomar:

1.- Es única en su continuidad

a.- Escrito en un período de 1600 años.
b.- Escrito a lo largo de 60 generaciones.
c.- Escrito por más de 40 autores de todas las clases sociales, incluyendo reyes, campesinos, filósofos, pescadores, poetas, estadistas, eruditos, etc.
d.- Escrito en diferentes lugares: en el desierto, en una celda carcelaria, en la ladera de un cerro, etc.
e.- Escrito en diferentes épocas.
f.- Escrito bajo diferentes estados de ánimo.
g.- Escrito en tres continentes: Asia, África y Europa.

2.- Es única en su supervivencia.
a.- A través del tiempo
b.- A través de la persecución
c.- En medio de la crítica

La Biblia está escrita para la gente común de cada generación, y por lo tanto usa lenguaje común, de todos los días. En ella no hay errores, el error está en usar la razón o el sentimiento humano como la base para determinar lo que es verdadero en la Palabra de Dios y lo que no es verdadero. Entonces, querido lector, ¿Por qué no leer la Biblia?

Elvis Alejandro Zorrilla, Perú

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