Monsieur Verdoux

Guillermo Guzmán

Portalápices

Charles Chaplin interpretando a Verdoux

Hablar de Monsieur Verdoux (1947) es hablar de una película accidentada, no por el rodaje del film, sino por la difusión y proyección del mismo. Charles Chaplin, de profundas convicciones políticas, no deja pasar la oportunidad de mostrar su ideario en una película. En sus trabajos anteriores ya había dado destellos de ello, como por ejemplo en Tiempos modernos, El gran dictador y La quimera del oro.

En Tiempos modernos, Chaplin hace una crítica mordaz a la sociedad industrializada, a la vida de los obreros en las fábricas y hace referencia a la crisis del 29; en El gran dictador hace una parodia de Adolf Hitler y del nazismo; en La quimera del oro muestra la deshumanización que los aventureros norteamericanos atravesaban durante “la fiebre del oro”.

Monsieur Verdoux (1947) es un largometraje que fue duramente juzgado, debido al argumento de la historia: Un hombre maduro, anteriormente empleado de banco, queda desempleado durante la gran depresión; éste decide enamorar solteronas adineradas para casarse con ellas y después asesinarlas. Un “barba azul” al cual lo único que motiva sus asesinatos es que a su verdadera esposa, una mujer parapléjica, y a su hijo no les falte nada —ambos viven en una casa de campo en las afueras de París. Verdoux los visita sólo los fines de semana argumentando trabajo, pero ellos ignoran su verdadera ocupación.

Esta comedia de humor negro, muy al estilo de Chaplin, es uno de sus más personales trabajos fílmicos; una actuación soberbia que muestra en Monsieur Verdoux un personaje de grandes matices: por un lado, un frio asesino, irónico y petulante; por otro, un ser que también es capaz de los sentimientos más nobles como el amor y la compasión.

Durante el rodaje, y después del estreno, Charles Chaplin fue acusado de comunista por el departamento de estado de norteamericano. Durante largas ruedas de prensa fue increpado por su actitud “antiamericana”. La película fue boicoteada durante el estreno, rechiflada por un público que estaba más acostumbrado a su célebre papel del vagabundo Charlotte.

Este film destaca de los demás por ser una propuesta diferente respecto a la filmografía anterior de Chaplin. En esta película vemos un cine rico en críticas del individuo y de la sociedad. Cuándo se le preguntó qué opinaba sobre Monsieur Verdoux, él contestó: “Es la película más inteligente que hecho hasta ahora”, y tenía razón: planos impecables, actuaciones memorables, diálogos logrados, excelente música.

Pero sobre todo, lo que caracteriza a esta película es la moral del personaje, ligada profundamente a la filosofía de Arthur Schopenhauer —como el principio de la voluntad. Para el personaje todo está destinado a ser; los valores sólo tienen sentido en razón de la gran voluntad; no hay acciones malas, sólo errores. Por lo tanto, la sociedad es doble moralista, ya que por un lado daña y por otro condena.

Monsieur Verdoux confirma lo anterior en la escena del juicio que se realiza en su contra: «Asesinar a una persona hace de uno un canalla, asesinar a millones un héroe. Las cantidades santifican.» Una crítica clara al Estados Unidos de la posguerra y a la violencia que ejercen las naciones en los conflictos bélicos.

Chaplin, fiel seguidor del discurso como elemento dramático; da uno magistral en este film —tal como ya lo había hecho en el gran dictador. En este gran discurso de clausura, Chaplin aborda los dilemas éticos de una sociedad hipócrita, lanzando una sutil crítica a instituciones como la iglesia y el Estado.

Si se quiere indagar más sobre este gran largometraje de Charles Chaplin, se puede ver la crítica que hace el cineasta francés Claude Chabrol sobre el film. Una película que nos muestra a un Charles Chaplin en sus dos grandes facetas: actor y director.

Guillermo Guzmán, México.

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