» » » Izquierda y derecha: categorías eurocentristas

Izquierda y derecha: categorías eurocentristas

Albert Camus*

Filopolítica

*Seudónimo

La pirámide del capitalismo

Desde el contrato social, la definición de América Latina, los principios de la revolución, de libertad, igualdad y fraternidad, pasando por todas las constituciones y códigos normativos, hasta los postulados intelectuales seguidos por la clase académica, el insoportable sopor de ser tutelados por la razón iluminada francesa imposibilita que razonemos desde nuestras perspectivas, desde nuestras realidades, tanto las profundas, como las superficiales. Seguimos mirando a Europa —dando las espaldas a nuestra tierra— para erigir doctos vanguardistas que postulan categorías que, en realidad, nunca nos han pertenecido, como “democracias agonales”, “populismos”, “deísmo”, “marxismo”, “neomarxismo”, “derechas” e “izquierdas”.

Tras las recientes elecciones presidenciales en Argentina, y su sorpresivo resultado, al menos para el círculo rojo —acepción acuñada por el sociólogo Charles Mills en La elite del poder—, se consumen en cantidades industriales análisis que desbordan en planteamientos conceptuales, como mínimo, inconsistentes. No son pocos los que utilizan categorías como derecha e izquierda en un país que alberga provincias como Formosa y Santiago del Estero. En el primer caso, un gobernador obtuvo casi el ochenta por ciento de los sufragios —tras veinte años en el ejercicio del poder. En el segundo, la mujer puesta por el marido —desbancando a otro matrimonio entronizado en el poder— disputa el voto popular donde, casualmente, la fiesta democrática también es una fiesta febril para los índices de pobreza y marginalidad. Hablar, desde Argentina —sin tener en cuenta la realidad de estas provincias—, bajo conceptos como derecha e izquierda para aproximarse a un análisis político es, como mínimo, digno de un pelotudo. Este último término —pelotudo— es algo que en realidad no nos pertenece. Así como el término “idiota” proviene del griego —aquel que no participaba de los asuntos públicos—, el pelotudo es el que le hace el caldo gordo al jefe, es el obediente, el obsecuente, el soldado que cumple las órdenes. Aquellos que, en otras palabras, actúan sin entendimiento, sólo siguiendo la batuta.

No es fácil pensar desde nuestra categorías. De hecho, hay toda una corriente filosófica que lo viene haciendo con aplomados pasos y cientos, por no decir miles, de individuos con más talento que uno, que consagran su vida a esto. Sin embargo, es conveniente separar la paja del trigo y evitar que, en nombre de esas buenas intenciones, todo sea o valga lo mismo.

Los profesores eurocentristas, o los artistas eurocéntricos, que pronuncian, con la nariz arrugada, términos como diferance y hacen largos ensayos con acepciones como “proletarios”, “rizoma” o “biopolítica”, deben continuar su exitoso peregrinar en la vida que piensan que han escogido, pero sus cucardas académicas no los habilita a que nos digan, como sí fuesen la expresividad unívoca de la pachamama, qué tipo de procesos político estamos viviendo, y mucho menos que nos digan, mediante sus pelotudos, qué, cómo y a quiénes tenemos que votar, bajo la argucia, eurocentrista, de la construcción de un nuevo sujeto histórico que nos liberara de nuestras sujeciones, contradicciones y temeridades.

Si alguien pretende analizar lo que sucede en una elección nacional Argentina, debe, le guste o no, tratar con la cuestión peronista, que por definición aglutina, abreva, y trasciende las categorías europeas de derecha e izquierda.

Finalmente y como para no dejar de hacer mención, al menos en breves líneas, acerca del resultado de las elecciones en la Argentina, el principal bastión del peronismo (que aglutina casi el 40% del padrón de votantes) ha quedado en manos de una mujer, joven, predicadora de una ética y estética totalmente diferente a lo propuesto hasta ahora por el peronismo, proveniente de un espacio político, hasta hace horas, básicamente municipalista y que le ha dado una victoria moral y una posibilidad real, a que su líder, pueda arribar a la presidencia en algunas semanas. El peronismo se está reconvirtiendo, pese a que algunos que se dicen “compañeros” no entiendan que ya ha usado a esos categoriales eurocéntricos de derecha e izquierda, ahora precisa de redefinirse, de recontrarse y de abrevar en sus raíces más auténticas su vinculación genuina con los más humildes, su opción por los pobres, como no casualmente lo refiere, como uno de sus objetivos irrenunciables, la filosofía de la liberación latinoamericana.

Alber Camus, Argentina.

Más sobre el autor

Dejar un comentario