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#Ayotzinapa #Paris #Siria

Adrián Gutiérrez

CSME

¿Solidaridad injusta? Imagen tomada en las manifestaciones por los 43 en París
¿Solidaridad injusta?
Imagen tomada en las manifestaciones por los 43 en París

Después de los atentados en París, el pasado viernes 13 de septiembre, en México se han pronunciado distintas opiniones alrededor de las manifestaciones de solidaridad mostradas por algunos mexicanos y nuestro gobierno. En redes sociales, muchos mexicanos reprobaron el comunicado de la Presidencia de la República que condenó los ataques terroristas —entre otros pronunciamientos oficiales— y criticaron a aquellos que pusieron como foto de perfil la bandera de Francia. ¿Por qué? He podido leer justificaciones —no argumentos— a estas críticas del tipo: “El presidente también debería hablar de lo que pasa en México, y no sólo en Francia”, “¿Por qué no ponen una bandera de México o Siria? Allá mueren muchos niños”, o “¿Por qué no hiciste lo mismo por los desaparecidos de Ayotzinapa?”.

Comparar la guerra en Siria, las desapariciones en Ayotzinapa y los atentados de París, asumiendo que los tres conflictos son iguales y deberían tener el mismo impacto mediático, me parece un error.

El conflicto en Ayotzinapa no es nuevo. Los normalistas —es importante señalar, no sólo de Ayotzinapa—, inconformes con las políticas implementadas por el gobierno, desde hace muchos años organizan manifestaciones y grupos de protesta para dar voz a sus demandas. Los normalistas, desde antes de la desaparición de sus compañeros en Iguala, tomaban casetas y aeropuertos, bloqueaban carreteras, robaban camiones y secuestraban a sus choferes; en múltiples ocasiones habían tenido enfrentamientos con la policía e incluso —en enero de 2012— causaron la muerte de un trabajador al aventar una bomba molotov a las instalaciones de una gasolinera.

Aunque nada justifica la desaparición o muerte de una persona, los normalistas son parte de una confrontación abierta contra el gobierno. Independientemente de este hecho, en México hubo varias marchas para exigir la aparición con vida de los normalistas. En redes sociales, de igual manera, hay mucha simpatía en favor del movimiento por los desaparecidos. Hace un año, el Gobierno Federal condenó los ataques a los normalistas y, hasta el día de hoy, los 43 siguen siendo tema en su agenda —en parte, porque el tema está en la agenda pública.

En Siria, lamentablemente, el día de hoy se vive una revolución. El país está dividido en dos bandos: el primero, ISIS, busca instaurar un Estado teocrático; en el segundo, quieren una nación separada de la religión. Muchos sirios han huido del país y han buscado refugio en naciones vecinas o han intentado llegar a Europa. Otros, que no cuentan con recursos, siguen ahí, en estado permanente de alerta, sabiendo que aunque son inocentes su vida y la de sus seres queridos corre peligro en todo momento; han aprendido a refugiarse, a correr entre los fuegos cruzados, a sobrevivir en medio de un conflicto y saben que cada día puede ser el último.

¿Por qué son diferentes los atentados en París? Porque la gente que murió el 13 de noviembre no está en una abierta confrontación contra su gobierno, ni estaban cometiendo actos delictivos contra grupos que después pudieran tomar represarías; los turistas y parisinos que murieron esa noche no viven en medio de una revolución donde en todo momento deben estar alertas ante cualquier evento que ponga en riesgo su vida. Los 130 muertos en París eran personas que salieron a ver un juego de futbol, a tomar un café con sus amigos, a ver el concierto de su banda favorita o que estaban de turistas en la ciudad luz, ninguno de ellos ni de nosotros imaginamos lo que sucedería en lo que parecía un viernes cualquiera.

Aunque toda muerte es lamentable, las circunstancias de cada conflicto son diferentes, y el criticar por solidarizarse con Paris también es terrorismo: cada quien debe ser libre de expresar su empatía sin reproches.

Adrián Gutiérrez, México.

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