Sólo para pitucos

Elvis Alejandro Zorrilla

Cartas Abiertas

Imagen obtenida del polémico vídeo de graduación del colegio cumbres, en México.
Imagen obtenida del polémico vídeo de graduación del colegio cumbres, en México.

¿Qué quién soy? Eso no importa. Lo que sí sé es que tarde o temprano tendrás que cruzarte con un pituco y para ese entonces —te soy honesto— no me gustaría estar en tus zapatos. A mis veintidós años he conocido a muchos de ellos y me he llevado grandes sorpresas. Pero vamos, cómo catalogar a una persona pituca, cómo saber si eres o no un pi-tu-qui-to. Empecemos con el juego.

En primer lugar, me rehúso a pensar que el nicho ecológico de estas personas está en Miraflores, Surco, San Borja o La Molina. Señores, los pitucos están en todos los rincones del Perú, se han multiplicado y ahora invaden la Tierra. Hace poco, un joven me preguntó de dónde era, yo le dije de Villa María del Triunfo y él, con su mirada de asombro, me dijo, “Manya. Está lejísimo, alucina”, y al instante, como para continuar con el diálogo, le pregunté, “¿y tú?”. No creerán lo que me respondió: “Yo…cerca a la playa…Villa El Salvador”. Lo confieso, me reí mucho.

En segundo lugar, el hecho de que una persona tenga mucho dinero no significa que sea pituca. Hay pitucos pobres. Créanlo. Por las actitudes de algunos pareciera ser que el hombre aún se encuentra en la Edad de Piedra, pero también hay que resaltar a las personas que tienen una amabilidad digna de imitar a pesar de la billetera llena que tienen. No seamos tan malos.

Ahora bien, ¿por qué escribo de usted… ¡perdón!, de los pitucos? Pase usted adelante…

La conocí en el año 2011. Recuerdo que entró al aula, se paró en medio y dijo: “Bienvenidos al curso de Literatura Clásica” y empezó a hablar como quien da un discurso a la Nación. Su nombre es Sandra Guzmán, fue mi profesora de dos cursos (Literatura Clásica y Lingüística General), y lo único que sé de ella son tres cosas: Le gusta el color negro, ama la Literatura y tiene más de dos libros publicados. Uno de ellos es La Lima pituca, publicado en 2002, donde nos narra las anécdotas de una escritora, una arquitecta (Fiorella Barquimié) y un peluquero (Joche María Dolche). Han pasado más de tres años, he vuelto a leer el libro y al terminarlo no dudé ni un segundo en tomar un lapicero y escribir sobre el tema central que presenta.

Cada capítulo es un remezón. Son 160 páginas intensas que nos habla de la soberanía y decadencia de la pituquería limeña. Sandra Guzmán ha reunido en este libro pedazos de esta sociedad de la que tú y yo somos parte, ha sabido presentar la infidelidad, la soledad, el fracaso, las malas costumbres e ideologías absurdas por causa del dinero en cada uno de sus personajes, sobre todo el de la élite social. También es preciso señalar que en ciertas ocasiones se escapa del relato para tratar temas como el de la televisión basura, el gobierno, los ex presidentes, la economía y la cultura que está por los suelos.

¿Realmente hemos aprendido a vivir juntos? ¿Realmente nos entendemos y aceptamos? Son preguntas que fueron saltando de mi cerebro cual resorte mientras leía el libro. Sabemos que toda persona es única e irrepetible (gracias a Dios), pero por qué el afán de ser alguien que no eres, por qué la manía de vivir de las apariencias y calificar a las personas por lo que tiene en la cuenta bancaria, bien dijo un hombre “Todas las personas nacen como original, pero muchos mueren como copia”. Por otro lado, Sandra, no sólo nos muestra al pituco tal y cómo es, sino que nos da algunas frasecillas e ideas que tienen estas personas. La idea que más me llamó la atención/indignación fue la siguiente: “Es peor ser negro que cholo”, a quién se le ocurriría sino a esa masa que se esconde detrás de mejunjes de marcas reconocidas y que utilizan todas sus neuronas para hilvanar una idea; es que acaso no saben que aquellos negros fueron traídos de manera for-za-da, es que acaso no saben que aquellos negros que tanto ningunean/rechazan fueron creados por la misma mano. La segunda idea radica en que si tú —sí, tú, querido pituquín— reclamas con valentía un derecho ya es síntoma de que te estás comportando como un cholo. Paso a citar un fragmento, “(…)¿Chola? ¿Se volvió chola? Es decir (quiero entender), se transformó. Algo así como el Increíble Hulk. Hubo una metamorfosis en ella. Tuvo que volverse chola para reclamar con valentía un derecho. Quiere decir que cuando uno pierde el control se vuelve cholo. Un pituco enardecido deja de ser pituco para, por unos instantes (solamente), ser poseído por lo cholo, por lo vil, por lo bajo. Entonces, si alguna vez veo a un pituco molesto debo pensar que está con el cholo adentro, es decir, «se le metió el cholo».” Pareciera ser que nunca leyeron la vida de los héroes de los United States. Bah. Pero eso no es todo, sino que no hay pituco homicida, sino enfermo. No te rías, así también piensas; perdón, piensan.

El libro de Sandra Guzmán es una muestra clara de su talento y su capacidad en la escritura. Se preguntarán si ella es pituca. Temo defraudarlos, pero no lo es. En un principio señalé que solo sé tres cosas de ella pero me faltó revelarles una, quizá la más destacable. Ella, en lo humano, es una mujer cordial y generosa. Quizá tenga razón cuando señala que peor que el ego argentino es el ego del pituco peruano, y si es limeño, hasta puede traspasar las nubes, pero de lo que sí estoy seguro es que su libro es original e interesante, una novela valiente y destacable en este contexto.

Está bien, lo diré en tu lenguaje, “es una novela muy nice, very nice”.

 

Elvis Alejandro Zorrilla, Perú.

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