Último recurso

Mauricio Gallardo

Péndulo

Dilma, presidente de Brasil

Todos los caminos conducen a Roma, dicen. Lo cierto es que la habilidad para detectarlo es algo que casi se transforma en ciencia, o mejor dicho, tener que contar con ello puede ser una verificación muy comprometedora a medida que pasa el tiempo. Ni las quejas han dado con lo que llamamos el buen ojo, pero algo de todo esto se puede rescatar, por ejemplo, el bienvenido reconocimiento de que lo comprometido tendrá más obstáculos en el camino de lo pronosticado. Quizás es una buena lección que debemos asumir, pues de lo contrario, esto sí que sería un mal que refleja la poca preparación, o en otras palabras, baja calidad de objetividad.

No hay enmienda más llamativa que esa que espera una buena reacción, dando por sentado que, por lo menos, el esfuerzo está presente. Y bueno, de ello entendemos que tras reconocer principalmente que las organizaciones son humanas, y nada más que eso, lo predicho también tiene tanto valor como el objetivo que se quiere lograr. A eso asumimos que los pasos a dar podrían dar un buen presagio, pues es eso lo que realmente se espera dentro de la madurez y actualización de sus usuarios.

En vista y considerando que esta lógica no solo se puede aplicar a un concepto, más bien, es un modelo que está presente en todos los ámbitos que comprometa, principalmente, el bien común, más vale poner más atención desde ahora en adelante sobre el asunto. Los equipos de trabajo, por ejemplo, suelen tentarse con ciertos mensajes o señales con ideas que más tiene que ver con cómo veíamos el desarrollo hace casi medio siglo. Sin embargo, claramente esa información se ha visto obligada a ser un referente más del pasado que del presente, entre otras cosas, las decisiones que tienen que ver con cómo presentarse ante el poder.

Los países hoy en día se ven obligados a “negociar”, es decir, ya no es suficiente con una promesa o como bien dicen, un “gesto político”. Ahora el asunto es un poco más complejo, dando por sentado que, a medida que las sociedades crecen, también se atribuye la observación del cómo son llevados tales presentes. Estamos hablando más o menos de lo que puede en definitiva definir nuestro nivel de cercanía con el ritmo de exigencia que significa fomentar la era de los cambios. Pero ojo, no solo hablamos de algo meramente administrativo, o mejor dicho, cuantitativo, más bien, de lo que suele ser más sensible de lo normal, la puesta en marcha de un examen que habla cruda y fríamente de donde estamos respecto a la lógica teórica tanto del pasado como lo contingente.

Lo cierto es que, tras muchas ideas que venimos rescatando a través de la historia, también podemos tener una suma de varios objetivos, resultante de entender el cómo las sociedades son vistas tanto desde el punto de vista local, como global. Es pues un gran desafío aprender a leer estas cosas, es decir, el público general, no debe entender esto como algo obligado a cierto grupo que por defecto adquiere el poder de decisión, digamos que, como vemos las cosas como andan hoy, es algo que tiene que ver mucho más con las decisiones en lo cotidiano, sumando hacia un resultado más que aclaratorio, representativo.

Las vías de desarrollo tienden a ratos a demostrar que los puntos de vista se ven un poco atrofiados, en otros momentos, disparados, qué decir cuando “la visiones” planteadas no están muy cerca de la posibilidad de asumir un reto más serio como es, el control, entre otras cosas, del bienestar.

Con la misma sutileza en cómo se enseñan estas pautas, se espera por lo pronto que tengamos herramientas más sólidas de solución, ya que ello puede invitar a corto plazo a tomar otro tipo de decisiones, como lo son, aquellas que obedecen más al futuro que al pasado, incluso, el presente. En cuanto a datos que sobrevuelan las calles, es propio manifestar que ello ocurre simplemente por la poca confianza que hay en el medio, es decir, nada realmente que proponga estabilidad, incluso, emocional (dato no menor). Mirado desde lejos, decimos que estamos en una situación un poco angustiante, pero no solo eso, de baja estima en cuanto a la eficacia de sus organizaciones, que hoy por hoy representan la verdadera cara de la realidad.

Es cierto que podemos contar por ahora con entidades que puedan tener iniciativas sutiles respecto a destacar detalles que sin duda tienen una cierta delicadeza por perturbar lo que para mucho es lo más rescatable, es decir, el buen gusto. Sin embargo, no es tan robusto como se cree, lo que lo hace más o menos de bajo calibre. Ejemplos podemos ver bastantes si a lo menos, contamos con ciertos argumentos que más que poner en duda la eficacia de lo meramente responsable, bien podríamos asumir que nunca se pierde, el último recurso.

 

Mauricio Gallardo, Chile.

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