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Gracias Chabelo

Adrián Gutiérrez

CSME

Después de casi medio siglo, el 20 de diciembre terminó el legendario porgrama Chabelo
Después de casi medio siglo, el 20 de diciembre terminó el legendario porgrama Chabelo

El domingo 20 de diciembre se terminó el programa En Familia con Chabelo, por esto, hoy me permitiré escribir algunas líneas a modo de homenaje de lo que significó dicho programa en mi niñez y, supongo, en la de millones de mexicanos más.

Tengo 37 años y mi infancia transcurrió en los años 80, una década de crisis, inflación, devaluaciones y pobreza. En mi casa sólo había una televisión y estaba en el cuarto de mis papás. A Río Verde, San Luis Potosí —donde yo crecí—, sólo llegaba la señal de tres canales: el canal 2, el canal 5, el del tío Gamboin, cuya señal llegaba a las 4 de la tarde, y el 13, en ese entonces IMEVISION —un canal del gobierno.

Los domingos por la mañana no había otra opción, sólo podíamos ver Chabelo. Nunca lo vimos desde las 7 am, pero sí recuerdo que en cuanto despertábamos, mi hermana y yo corríamos al cuarto de mis papás para ver a Chabelo; nos metíamos en su cama, entre las cobijas y las sabanas, mientras ellos trataban de dormir un poco más.

Cuando entré al jardín de niños, con 3 años de edad, mi papá me cantaba la canción de Chabelo, la maestra me dio un beso a la salida, y se convirtió en mi preferida. He de confesar que cada vez que la oigo me entra una gran nostalgia y me trasporto a 1981, cuando comencé a ir a la escuela.

¿Qué tiene de especial Chabelo? ¿Por qué marcó mi niñez? De alguna manera, Chabelo nos hacía soñar; soñábamos con concursar en su programa, ganar una avalancha en la escalera loca o entrar a la catafixia y cambiar nuestros regalos por una bicicleta o un montón de juguetes inimaginables. Curiosamente, también hacía soñar a mi mamá. Chabelo regalaba cocinas integrales, y en aquel entonces, la cocina de mi casa era muy modesta, sólo había un refrigerador, una estufa y un fregadero, nada más; también regalaba salas, mientras que a nuestra sala le faltaban algunas patas y la tela estaba maltratada.

Un día, por casualidad, encontramos una historieta de Las aventuras de Chabelo; lo leí una y otra vez, además traía una dirección donde podías escribir para ser parte del club de cuates de Chabelo. Mi hermana y yo escribimos, tiempo después recibimos nuestra credencial de miembros. También, y supongo que por ser parte del club e insistir en concursar, un día nos llamaron. Mi hermana iba a participar en los cuates de la provincia. Era un programa grabado, así que nos llamaron entre semana; no ganó, pero nos mandaron una dotación de dulces Sonrics, que fue nuestro más grande tesoro por varios años, pues eran muchos y tardamos mucho en acabárlos.

Con el tiempo, las cosas cambiaron; crecimos, pero Chabelo se quedó ahí para otras generaciones. Es importante destacar que él tenía comprado su tiempo en televisión, él negociaba directamente con sus patrocinadores, ensayaba su programa dos veces por semana y, a sus más de ochenta años, Chabelo seguía trabajando en lo que más le gustaba.

Sé que todo tiene un ciclo, pero eso no me impide sentir tristeza y nostalgia al momento de recordar mi infancia y a un personaje que estuvo presente en ella. Por eso, de todo corazón, Gracias Chabelo.

Adrián Gutiérrez, México.

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