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Ocaso del partido del Sol

Samuel David Zepeda

Dimensión Crítica

Agustín Basave

El día de ayer, Agustín Basave, dirigente nacional del PRD, confirmó a los medios de comunicación que el partido que él preside realizará una alianza electoral con el PAN para algunas de las elecciones locales de 2016. Esta decisión, me parece, confirma que el PRD aún no inicia la gran reestructuración que necesita, luego de la evidente crisis política en la que se ha sumido durante los últimos años y que se notó aún más en este 2015.

El PRD pasó de ser la segunda fuerza política —en la carrera por la presidencia en 2012— a un partido que lucha por mantenerse como la tercera fuerza política del país, en especial luego de que varios de sus referentes y figuras han abandonado el barco y, en algunos casos, se han vuelto rivales electorales del partido. En concreto, la creación del partido de López Obrador ha ahondado la crisis perredista, sobre todo en su bastión electoral: el Distrito Federal, ahora Ciudad de México, en donde, si bien aún conserva poder, ha perdido hegemonía y su futuro no pinta nada bien.

Ante este panorama, el PRD —quien también perdió a su líder moral, Cuauhtémoc Cárdenas— se dio cuenta que necesitaba hacer algo urgentemente, por lo que apostó por un cambio en la presidencia de su partido para comenzar así a construir y retomar el rumbo, sin embargo, el día de ayer, el PRD mostró que dicho cambio será lento, pues no cortarán de tajo con ciertas prácticas que lo han llevado a su actual crisis política. Conformar alianzas con el partido más apegado a la ideología de derecha en México es, a todas luces, una estrategia politiquera que sólo apunta a votos y que va en contra de lo que se supone representa una opción política de izquierda, pues representa un acto reformista y para nada, revolucionario.

La apuesta del PRD por una alianza con el PAN, bajo la supuesta bandera de conformar una alianza que dé fin a la hegemonía priista en Durango y Zacatecas, es un planteamiento retórico que, en el fondo, muestra el verdadero rostro de lo que hoy en día es el PRD: un partido más y no una opción política de izquierda. Aplicar la estrategia el enemigo de mi enemigo es mi amigo no sólo es absurda en muchos niveles, sino que demuestra la condición desesperada en la que está el PRD, quien busca hacerse de puestos al costo que sea.

El propósito de la alianza es simple: conseguir más votos, ganar una elección, vencer y posicionar gente; es decir, el partido más grande de izquierda en México ha caído en el puro marketing y estrategia electoral, no está planteando una alianza de proyectos, no está planteando un debate de perspectivas políticas, una reconfiguración de horizontes y proyectos de país, simplemente está planteando una alianza sectorial que busca ser oposición no de proyectos, sino de figuras electorales.

La alianza, al momento, planteada para las votaciones en Zacatecas y Durando, llevaría a un candidato perredista para Zacatecas y a uno del PAN para Durango. ¿Derecha para Durango e Izquierda para Zacatecas? ¿Cómo se podría configurar un programa político?

El PRD, con este movimiento, parece que no aprendió de los golpees recibidos en las elecciones intermedias. No notó que hacer alianzas y pactos con los partidos contrarios a su supuesta idolología fundacional no da buenos resultados, no sólo para ellos, sino para el país.

El que el PRD apostara por los votos, por los candidatos electoreros en lugar de los proyectos y la gente digna, llevó a que Abarca llegara al poder o a que el Gobernador de Puebla llegara al poder. La reestructuración del partido del sol azteca debe tomar en cuenta una simple máxima: si pactas con el proyecto más alejado al tuyo, traicionas no sólo a tu ideología y tu historia, a quien traicionas en verdad es la ciudadanía, traicionas a los miles de votantes que creían en ti.

La crisis del PRD es producto de la incapacidad del partido para renovarse. El partido no mantuvo sus ideales, se dejó absorber por el medio en el que se encuentra, dejó de representar una contrahegemonía, dejó de ser un proyecto alternativo y empezó a cometer los mismos actos que cometen los partidos: se aplanó en la unidemsionalidad de la política, adoptó el behaviorismo pragmático de sus contrincantes y se disolvió en lo dado —y lo sigue haciendo.

Agustín Basave y los verdaderos militantes del PRD tienen una tarea por venir muy complicada: deben reestructurar y reconfigurar un partido sumido en una crisis ideológica. Esto costará mucho tiempo y esfuerzo porque incluso el golpe de timón que supone esta nueva presidencia viene precedido de un acto que deja mucho que desear: el PRD tuvo que reformar sus estatutos antes del cambio en su dirigencia para que Agustín Basave pudiera participar en la contienda, cosa que se presta para sospechar que la elección ya estaba cargada. ¿Cómo confiar en un partido que hace eso en sus procesos internos?

Además, es entendible que en sus orígenes el PRD fue fundado por un priista disidente —es más, podría ser incluso justificado bajo una malversión barata de dialéctica en la que la antítesis surge desde lo dado (el PRI)—, pero que en la actualidad, un partido político de izquierda consolidado, con más de 25 años de historia, tenga que recurrir a alguien externo, y con un pasado priista, deja mucho que desear del partido como tal, aún si esté viene de un proyecto no tan apegado al clásico PRI como lo fue el de Colosio.

Ojo, no estoy diciendo que Agustín Basave no sea capaz, al contrario, creo que es un gran politólogo, que tiene un currículum académico y político bastante bueno, sobretodo, me parece que tiene reputación y credibilidad, elementos que necesita el PRD en estos momentos, pero es eso mismo lo que se vuelve preocupante. ¿Acaso en el PRD no existía alguien con características similares? ¿Por qué recurrir a alguien externo? ¿Por qué recurrir —nuevamente— a alguien con pasado priista para que el barco retome el rumbo? ¿En dónde están las figuras del PRD? ¿Queda alguna? ¿Existe alguna meramente perredista? ¿Acaso desde 1989 no se ha conformado alguien al interior del partido con los valores que se supone representa un partido de izquierda? ¿Por qué no apostar por sus jóvenes? ¿Por las personas formadas en su interior? ¿Dónde está la formación de cuadros del PRD, sus fuerzas básicas? ¿Dónde está la renovación del partido?

Esperamos que el remanente del PRD, la gente de verdad comprometida con el ideario político de izquierda, transforme el estado actual de su partido, esperamos que Basave cambie el rumbo que, al momento, ha empezado mal. Entendemos que los procesos toman tiempo, pero si en verdad se quiere dar un acontecimiento de transformación se debe de poner el freno de mano a la locomotora y ver si quieren seguir ese camino, preguntarse si en verdad eso que están haciendo es de un partido de izquierda, si eso en verdad es un proyecto político,

Ya lo dijo el maestro Bolívar Echeverría en su texto ¿Qué significa ser de izquierda?:

“…en el origen y en la base del ser de izquierda se encuentra esta actitud ética de resistencia y rebeldía frente al modo capitalista de la vida civilizada. esta actitud y la coherencia práctica con ella, que es siempre detectable en la toma de partido por el «valor de uso» del mundo de la vida y por la «forma natural» de la vida humana, y en contra de la valorización capitalista de ese mundo y esa vida, es lo que distingue, a mi ver, al ser de izquierda, por debajo y muchas veces a expensas de una posible «eficacia política» de un posible aporte efectivo a la conquista del poder estatal

Hoy, lo mejor que le puede pasar a este partido es que ya termine el año. El partido del sol está en su ocaso y si quiere volver a salir mañana debe renovarse, pero verdaderamente renovarse en el sentido de un proyecto político de izquierda, no en un sentido electoral de hacer alianzas por votos, de conservar y renovar puestos políticos y presupuesto, si en verdad es un sol azteca, necesita sacrificios para volver a salir, ese sacrificio debe ser el de la comodidad política en la que ha caído.

 

Samuel David Zepeda López, México.

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