La trama no termina

Mauricio Gallardo

Péndulo

Nicolás Maduro

En vista y considerando que los asuntos públicos tienen mayor relevancia cuando estos detalles por sí solo entran en el hogar, estos podrían tornarse en una situación que, por lo menos, amerita un poco más de delicadeza al considerar los esfuerzos de aquello que aún queda como bien, es decir, la buena voluntad de encontrar un equilibrio que realmente represente lo que hay en la vida real y no simplemente quedarse en los pasillos esperando que el ideal sea obligadamente como única opción. Esto, por cierto, trae por defecto un mal, el cual en todos los plazos se transforma en una pesadilla.

Alucinada por un lado, está parte de la multitud a la espera que las consecuencias cobren la cuenta con mayor claridad y eficiencia, aunque ello signifique más tiempo de lo esperado. La historia ha demostrado un profundo equívoco y, sobre todo, mal presagio en cuanto al futuro de su nación. Sus propias encuestan admiten la derrota, sin embargo, esto no tiene final para los afectados y ello sí que es preocupante, ya que su alma, o ADN, se hace notar dentro de un régimen que nada de ejemplar contrajo, es decir, la concentración de poder que fomentó, pese a que sus intenciones no eran más que buscar popularidad, como resultado tomó el sabor de las mayores posibilidades de decidir sobre un pueblo claramente adormecido.

Las consecuencias, digamos, son variadas, pero la mayor está en la mala lectura de sus atributos, o mejor dicho, ventajas sobre generaciones. Culpar o atribuir este mal a un puñado, puede que sea un tanto desconcertante, aunque ello no es suficiente cuando el poder hace atractiva tal condición. Vanagloriarse de una propuesta como esa trae un peligro mayor: que con el tiempo, este tipo de cosas pierde vigencia rápidamente, es decir, la fecha de vencimiento siempre ha existido y, para resumir, pronostica que nada fue en vano. Un pobre argumento a vista y paciencia de una multitud menos convencida que antes, ya que, por ejemplo, las cosas simples ya no lo son: desde el cuidado por el bienestar general, hasta las más complejas iniciativas con el objetivo de instalar de una vez el correcto rumbo hacia el desarrollo.

Respecto al poder adquisitivo de una nación —o mejor dicho, patrimonio inconfundible— los resultados de cómo se administró están a la vista. Lo preocupante de todo ello es la insistencia de que estos grupos idealistas o políticas más locales, no han convencido a nadie en el mundo sobre sus propuestas, pero interiormente, el afán les juega una pésima proyección. La verdad que todo pasa finalmente por el aspecto económico, pero las políticas sociales comprometidas en ello, muestran a su vez el profundo deterioro y obsolescencia que más bien es una característica usual de sus propias doctrinas. Y claro, obedeciendo insistentemente a un pasaje de la historia que sin discusión, pudo haber sido plausible. La fuerza de las materias primas de una nación simplemente son el examen de grado para cualquiera que tenga el deber de administrarlo.

Una vez que se han definido los términos de una gestión, los finales de un proceso y comienzos de otros, lo mejor viene cuando se debe ver con mayor amplitud lo que realmente está sucediendo dentro de sus “jugadas”. Nada peor que advertir con amenazas a quienes podrían ser la solución y por qué no decirlo, la mayor ventaja para la alta demanda de políticas modernas y que no es nada más ni nada menos que una muestra o modelo de qué está sucediendo alrededor del mundo. No todo es vender y comprar, claramente, y eso es lo que tal parece es una costumbre y el límite para algunos.

Fomentar cambios sí que trae mayores esfuerzos, entre otras cosas, cambios en la política, también en las leyes que en consecuencia modifican un modelo que ya, simplemente, no se adapta. Lo dicho puede ser mal interpretado, pero siempre es bueno consensuar que la necesidad de actualización es el principal atributo de cualquier administración, especialmente cuando requiere lograr nuevas expectativas. Tal como un dicho plantea: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, o tal vez, “no creas siempre lo mismo”, quizás aplicable en algo que evidentemente ya no tiene el esperado espesor.

De oficialismo se puede pasar a oposición, es una garantía en un sistema moderno público, pero siempre sin perder de vista la objetividad y conductividad en el placer de buscar el bien común; eso se llama consistencia. Este asunto en un régimen cerrado no es posible. Rescatar algo de aquello no tiene mucho de ventajoso, porque todo lo que ocurre bajo un modelo privado de libertad, tiene conectores y, por tanto, su relación es puramente de doble lectura. Para cambiar tal escenario, simplemente se debe ir a la raíz, pues de lo contrario, esto de dar pautas desde el pasado, sí que sería un problema mayor, así entonces, la trama no termina.

 

Mauricio Gallardo, Chile.

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