» » » Los propósitos de año nuevo y la acción

Los propósitos de año nuevo y la acción

Guillermo Guzmán

Portalápices

Propóstios

 

Tal vez asumo una posición audaz al considerar que a todos nos invade la nostalgia y una sensación de orfandad cada vez que termina un año. Pareciera que, al cruzar la línea invisible entre un año y otro, se inicia una nueva oportunidad de cambio o bien, la continuación del oscurantismo del tiempo que nos tocó vivir.

“Los propósitos de año nuevo, el inicio de ciclos, la culminación de los mismos” son algunas de las ideas que deambulan por nuestras mentes. La “fórmula secreta” para llevar por buen derrotero estas ideas es llanamente: la acción. Pero parece que ese mínimo concepto de acción es tan complejo como para procrastinar muchos de nuestros proyectos.

Membresía de un gimnasio, viajes alrededor del mundo, ahorros, compra de un auto, construcción de una casa, creación de una familia, hallazgo del verdadero amor, el envío directo a la mierda de las relaciones toxicas, correr un maratón, ser más participativo en mi barrio, comunidad y sociedad; son propósitos y objetivos muy loables, pero que honestamente, son menos que arena diluida en nuestras manos si no hay acción.

Alguien con un poco de juicio y honradez sabe que es una actitud suicida hacer listas tan largas que sean imposibles de cumplir. “El que mucho abarca poco aprieta”, decía mi septuagenaria abuela y arremetía después: “Dependiendo el sapo es la pedrada”. Supongo que la vida reafirmó en ella estos populares aforismos. Tracemos objetivos alcanzables, brindemos las condiciones necesarias y alcancémoslos; parece un razonamiento sencillo que, sin embargo, se topa muchas veces con mentes testarudas y obtusas.

“Quiero bajar de peso, pero hoy hay fritangas en casa de mi tía… el año que viene inicio la dieta” “Quiero viajar por Sudamérica, pero mañana es el cumpleaños de Pancho y me tocó invitar los tragos” “Quiero un México sin corrupción, pero necesito que salga rápido mi trámite, total todos han sido corruptos alguna vez”.

La procrastinación de los propósitos de año nuevo (y de otros tantos) tiene forma de elipse: presentan un “pero” acompañado de una excusa aparentemente convincente, se adereza con el autoengaño, posteriormente la culpa y la autoflagelación, para volver al punto de inicio del propósito: la endeble convicción de enmendarse.

Vive en una caja de cereal quien cree que la vida se puede vivir sin tomar decisiones, y que derivado de esa toma de decisiones no habrá consecuencias. “A toda acción corresponde una reacción”, recitaba Sir Isaac Newton. Tomemos las decisiones, sean razonadas o no, eso depende de cada quien, y accionemos; esperemos las consecuencias de la acción y reflexionemos sobre el acierto o desatino de las mismas.

Antonio Gramsci tiene un concepto que llama praxis, que, sin tantos rodeos, es una relación dialógica entre la teoría y acción, donde la relación intrínseca de ellas, construye los cambios que se desean. Para quienes tienen como guía a Cristo, él menciona: “Por sus frutos os conoceréis”. ¿No es esto ya en sí mismo una invitación a la acción?

Uno de los lastres del propósito o deseo es la insatisfacción del mismo. Pero también la no obtención del deseo es igualmente una enseñanza. El rosarino Rodolfo Páez menciona en una de sus canciones: “Lo importante no es llegar, lo importante es el camino.”

En un sistema económico tan taimado e impostor como el que vivimos, que privilegia el “éxito” y desprecia el fracaso, La acción franca y honrada, que persigue cambios que enaltecen la vida y el crecimiento de las personas, son dignas de loas, aún, si los objetivos no se consiguen.

Cada quien sabe qué sucede consigo mismo y con el mundo que lo rodea. Las dudas e interrogantes que tiene, por ejemplo: ¿Qué tanto la persecución de mis objetivos me pone más cerca de la genuina felicidad? ¿Cuál es la trascendencia de mis acciones para conmigo mismo y los otros?

Sobre lo anterior, el expresidente uruguayo José Mujica, en uno de sus discursos, menciona: “El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor, arriba de la tierra, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos ¡de tener lo elemental!”

En lo que respecta a mí, les envío un binario y franco abrazo. Y también el honrado deseo de que por fin la acción, sea el mapa que los lleve a la conclusión de sus propósitos; sean de año nuevo o del limbo de la imperecedera atemporalidad.

Oaxaca, México, 30 de diciembre de 2015

 

Guillermo Guzmán, México.

Más sobre el autor

Dejar un comentario