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Y ella. Cabezona. Entró

Jenny Fernández

Verdad ajena

The letter, por Haynes King.
The letter, por Haynes King.

Es bonito leer, sobre todo cuando lees a alguien que quieres, porque inconscientemente lo sientes el doble. Pero más bonito que eso es escribir; y no hablemos ya de que te escriban.

Creo, e incluso me atrevería a afirmar, que lo más bonito y lo más —si no lo más, de lo más— sincero que te pueden decir es: “quiero escribirte”; o en su defecto, sobretodo si eres escritor, “quiero leerte”. Ambas opciones las considero válidas. Porque decidme, ¿hay algo más verídico, más cierto, más real, que escribir? ¿Hay algo más honesto que eso? Es arte y esto, queridos lectores, no es helarte de frío. El arte es el testamento de la verdad. No se puede hacer una obra de arte sin ser totalmente sincero, y no lo digo yo, lo dice John Banville, novelista irlandés; “uno de los grandes talentos de la lengua inglesa”, según Wikipedia. Coincido. Y coincido también en aquello de que el arte no cambia las cosas, sino que las ilumina, las hace más vividas. Por eso mismo me parece tan bonito que te escriban, que te destaquen, te iluminen; que intenten describir el color de tus ojos haciéndolos más especiales si caben, o que cuenten lo que realmente sienten bajo tanta palabrería estrambótica en frases llenas de indirectas con puntería. Aquellos que saben mucho de nada y se permiten el lujo de dar sabios —“sabios”, perdón— consejos, os dirán que jamás os enamoréis de un/a escritor/a. Y yo, que como diría mi señora abuela “barro para casa”, os daré un consejo que no sé si será mucho mejor o no, pero sin duda es mucho más sencillo. Enamoráos sin más. De todo lo que os enamore, sea lo que sea, o sea quien sea. De aquel, aquella o aquello que haga vuestra vida aún más maravillosa. Yo, por ejemplo, me enamoro de la vida en general y del escritor que, con una pizca de descaro e increíble dulzura, me escribe llamándome luz (y cabezona), iluminándome, haciéndome arte, y convirtiéndome en verdad.

“Dichosa la ignorancia del que lea sin juzgar, con la suficiente libertad como para escapar de lo superfluo y llegar un poco más allá”; y no lo digo yo, lo dice Nacho C. Moya, escritor y fotógrafo Valenciano. “La persona más real conocida jamás”, según yo.

Jenny Fernández, España.

 

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