Muy a tu besar

Jenny Fernández

Verdad ajena

Verdad ajena

Dichoso viento, ya me he vuelto a desvelar.

El nombre del viento, tengo que terminar de leerlo, por cierto. Tal vez mañana tenga algo de tiempo.

¿Y ahora qué? Ya no tengo sueño y si me muevo lo más mínimo despertaré al sujeto que tengo al lado. Se pegará a mí y volverá a dormir, como un bebé. Adorable, lo sé, y me encanta, pero que quede entre escritora y lectores de verdades ajenas.

Para escribir del tema del amor diréis que llego tarde, que el catorce de febrero ya pasó, pero yo pienso que el amor no tiene fechas, así que le doy a mis dedos la libertad de teclear las letras que quieran. Amor. romA, al revés. “Te amo”, que no es lo mismo que “te quiero”. Lo segundo es lo lógico, yo quiero a mi gato —en realidad no tengo gato, pero hay un elemento llamado Toy que puede pasar como tal—. Y, aparte de eso, le amo. Le quiero porque quiero que esté conmigo, pero le amo porque deseo su felicidad. Querer está sobre valorado, querer es tener el deseo de poseer algo. O lo que es peor, alguien. Tampoco es lo mismo el enamoramiento es que estar enamorado. El enamoramiento es efímero, perecedero. Es una pasión, mientras que estar enamorado es un sentimiento. Las pasiones terminan; estar enfadado es una pasión, no vives en estado de enfado toda la vida, como no te sientes enamorado toda la vida, aunque lo estés.

Lo sé, sé que es difícil de entender, pero es real. Lo que sientes al principio de una relación, ya sea de amistad, parejil, o lo que os de la real gana, no lo vas a sentir igual después de un tiempo. Eso es enamoramiento, y cuando termina, empieza el amor. Pero ojo, no todos saben o pueden amar de verdad. Es un aprendizaje constante ya que el ser humano, de por sí, es egoísta. El ser humano más ignorante es el que quiere y no ama. Amar es desear, por encima de todo, la felicidad del otro. Admirar, respetar y apoyar. Compartir, aprender y no depender. Al menos eso pienso yo. Por eso mismo no quiero a nadie, ni siquiera al sujeto que duerme ahora a mi lado —lo siento tesoro—. Me gusta que estés ahí, aquí, conmigo, pero libre. Feliz. Muy tuyo y yo muy mía. Miísima. Tuyísimo. Y así siempre.

Te amo.

 

 

…De la manera que sea.

 

Queridos lectores, nuestra única propiedad somos nosotros mismos, así que queréos a vosotros, a los demás, como mucho amadlos.

Jenny Fernández, España.

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