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¿El arte de copiar?

Cartas Abiertas

Por Elvis Alejandro Zorilla
Alfredo Bryce, Juan Luis Cipriani y César Acuña, tres ¿artistas? del plagio. Fotos proporcionadas por el autor.
Alfredo Bryce, Juan Luis Cipriani y César Acuña, tres ¿artistas? del plagio. Fotos proporcionadas por el autor.

La primera vez que mi profesor de matemática me sorprendió plagiando el examen de mi compañero, me dio tanta vergüenza que nunca más quise ir al colegio. Pero con el pasar de las horas, nació en mi raquítico entendimiento la siguiente pregunta: “¿Quién no ha copiado alguna vez?” Y así, poco a poco, se fue desvaneciendo la vergüenza que tenía, pero ojo, debo ser honesto, no volví hacerlo; claro, después de la paliza que me dieron al llegar a casa. Fue un “santo remedio”, como se suele decir.

Ante tal remembranza, me fue muy interesante revisar en los anaqueles de la literatura que muchos escritores también mordieron el fruto prohibido, cayeron ante tal tentación y luego, al ser descubiertos, cual Adán y Eva, se escondieron de su vergüenza, aunque otros dieron la cara e inventaron elefantísticas excusas. Antes de seguir en este tema tan espinoso, refresquemos la memoria y veamos qué nos dice la RAE. “Plagiar” es copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. Entre los antiguos romanos, consistía en utilizar a un siervo ajeno como si fuera propio. Ahora bien, este acto no solo es un delito, sino que también atenta contra el interés público en sus diversas facetas; en otras palabras, engaña al consumidor.

Uno de ellos es nuestro compatriota Alfredo Bryce Echenique, él fue acusado en 2008 de haber plagiado no 5, ni 8, sino 16 (¡dieciséis!) artículos periodísticos de diversos medios. Fue hallado culpable y así, como recibí paletazos de mi madre cuando plagié el examen, él recibió una sanción de más de 57.000 dólares. ¿Le habrá dolido? Pero este mundo para Alfredito no acabó aquí, sino que salió a declarar algo que nos dejó boquiabierto. En su defensa señaló que plagio es una forma de halago. Luego confesó su culpa diciendo que fueron errores informáticos cometidos por su secretaria.

El otro…bueno, no creo estar pecando, fue el cardenal Juan Luis Cipriani. Él fue acusado de plagiar a Benedicto XVI en su columna para el diario El Comercio. Ahora bien, si creías que la respuesta de Alfredito era sorprendente, pues estás equivocado. En una carta manifestó su defensa señalando que los textos de la Iglesia no tienen propiedad intelectual, “es patrimonio común de nuestra fe”. Sí, claro, también podría haberle dicho a mi profesor “Los textos de mi compañero de carpeta no tienen propiedad intelectual, es patrimonio común de nuestra amistad”, digo nomás.

Pero la pesadilla no radica en que una persona haya copiado, la peor y verdadera pesadilla está en que ésta desee gobernar un país entero como lo quiere hacer César Acuña, candidato para la presidencia del Perú por el partido Alianza para el Progreso. A él se le ha acusado de innumerables plagios; el primero, 80% de su tesis doctoral sería una copia de alrededor de 10 autores que no fueron considerados ni como citas, ni como parte de la bibliografía; el segundo, en 1998 publicó un libro titulado Evaluación institucional y cambio de la cultura universitaria, que sería una copia de un texto del español Migue Scotet de 1990; el tercero, en el 2002 publicó un libro titulado Política Educativa: Conceptos, reflexiones y propuestas, pero grande fue la sorpresa que el mismo libro ya había sido publicado en 1999 bajo la autoría de Otoniel Alvarado, ante su defensa presentó un documento, pero resultó ser un documento falsificado.

El Tribunal de Ética Electoral del JNE ha fallado contra la idoneidad ética de Acuña para ser presidente del Perú, sin embargo, aún hay peruanos que lo siguen fielmente.

Señores, entendámoslo, el plagio en nuestro país es un serio delito. El código penal lo castiga con pena no menores de cuatro años, ni mayores de ocho, pero, hasta ahora, no existe nadie preso por ese crimen. Quizá el que lo inaugure sea César Acuña. Esperemos.

Elvis Alejandro Zorrilla, Perú.

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