» » » El papel de la tolerancia en Venezuela

El papel de la tolerancia en Venezuela

Sombras de mi país

Por Eduardo Arellán
Un manifestante después de ser empapado por un cañón de agua en las manifestaciones de Caracas en marzo de 2014. | Fotografía: Sofía Sayegh
Un manifestante después de ser empapado por un cañón de agua en las manifestaciones de Caracas en marzo de 2014. | Fotografía: Sofía Sayegh

Norberto Bobbio, ilustre teórico político italiano, en su ensayo Derecha e Izquierda —que lo catapultó como uno de los más influyentes pensadores del siglo XX—, escribió: “Un extremista de izquierda y uno de derecha tienen en común la antidemocracia […]. El extremismo, cualquier que sea el fin prefigurado, es catastrófico”.

En Venezuela, los jóvenes hemos conocido bien los extremismos grandilocuentes —en particular— e irracionales —en general—. Quienes nacimos prácticamente bajo el gobierno de Hugo Chávez hemos visto cómo la oposición venezolana ha tenido una transformación que pasó de los experimentos extremistas —intentos de golpe de Estado, paro petrolero y no asistencia a las elecciones— a un accionar moderado y racional para acabar, de una vez por todas, con el totalitarismo chavista liderado por Maduro. Por otro lado, el chavismo ha venido degenerándose de un discurso incluyente, racional y progresista, a un accionar absurdo, insensato y perverso que tiene como único objetivo mantener el poder heredado del difunto Chávez, para así no perder los grandes beneficios económicos y los millones de dólares que se vienen robando.

Esta generación, la que creció mirando a Chávez en TV, en las vallas publicitarias de las carreteras, en edificios ministeriales, y de gran autocensura por parte de los medios de comunicación; esta generación debe aprender algo que le ha faltado bastante a la política de nuestros días: tolerancia. Que esta palabra sea nuestra bandera a futuro, para no cometer los errores que hoy comete el gobierno nacional y que cometió la oposición venezolana a principios del milenio.

Los extremismos deben ser nuestro mayor enemigo, la epidemia que llenó los rincones del país, y somos nosotros quienes debemos curarnos leyendo, y leyendo para no confundir, para mantener los pies sobre la tierra, para entender de una vez por todas que las luchas civiles son la tumba de los grandes pueblos, que las muertes y asesinatos por ideologías serán siempre, desde las trincheras democráticas y civiles, un hecho repudiable que jamás debe repetirse.

A un mes de la toma democrática de la oposición venezolana de la Asamblea Nacional, el gobierno ha jugado torpemente y con un cálculo político pobre. Cada día el desgaste del ejecutivo se nota más y más. En las calles se Caracas se vislumbra una asonada militar que, más que contribuir a la construcción de una verdadera democracia, lo que haría es deteriorarla aún más. Por eso, la importancia de la tolerancia, tanto para los seguidores del gobierno que lo necesitan en estos momentos en que los extremismos juegan en contra, como también para esos grupos de la oposición que celebrarían un golpe de estado al ejecutivo, acelerando los hechos que pueden ocurrir en cualquier momento.

Repito, es la tolerancia a donde debemos llegar para, primero que nada, sentarnos y hablar de cómo hacer crecer el país y que pueda ir hacia el bienestar, dejar los insultos de lado, las arbitrariedades de la policía política en manos del gobierno. Dejar de perseguir a los empresarios del país, que en su gran mayoría lo que quieren es producir para el desarrollo sostenible de Venezuela. Pero todo esto está en manos del gobierno nacional, primer garante de que se hagan respetar los derechos civiles y de que las voces disidentes sean escuchadas y respetadas por todos. Es obligación de Maduro darse cuenta, de una vez por todas que él no gobierna para sus 4 millones de votos, sino para todos los venezolanos, incluso los más de 7 millones que claman por un cambio urgente de gobierno.

Eduardo Arellán, Venezuela.

Más sobre el autor

Los comentarios están cerrados.