La República

Péndulo

Por Mauricio Gallardo
Evo Morales. | Fotografía proporcionada por el autor.
Evo Morales. | Fotografía proporcionada por el autor.

Factores como la economía, los cambios sociales, las alternancias en el poder, tienen hoy en día a las naciones un tanto inquietas respecto a la eventual inestabilidad que ello ofrezca, es decir, para la mayoría nada está seguro a no ser que, ante la variedad de problemas que se han presentado, por lo menos se tenga un criterio apropiado para enfrentarlos. Son varios “los síntomas” que demuestran que no es menor hablar sobre ello, sin embargo y al mismo tiempo, no todo está dicho cuando una situación como esta se plantea públicamente. A decir verdad, el asunto siempre sonará como incompleto, ya sea en cuanto a representatividad pública como también a resultados a corto y mediano plazo, ya que la contingencia es un “ser vivo” con suficiente espacio para ser analizado.

En fin, lo primero que debemos contemplar es la creciente necesidad de ir al ritmo del poder, y qué mejor que siendo altamente sostenidos con nada más ni nada menos que con el fenómeno más decidor, el apoyo ciudadano. Es en estos casos donde el asunto complica de buenas a primeras, ya que las influencias, que poco fluidas podrían ser en estos tiempos, han notado un cierto frenesí y sin contar con el mejor medidor, es decir, los bien considerados resultados de las gestiones y sus representantes en cualquier área dentro de sus administraciones y que en algún grado tienen relevante participación. Digamos que esto irremediablemente siempre se ve cuestionado.

Lo cierto es que tras la complejidad presentada en último tiempo y en forma transversal, es decir, en toda una región de alta demanda productiva, la política suena con una deuda interminable. Para ser honestos, parece que algo anda mal en la forma y fondo de relacionarnos con el poder ¿Importa entonces tomar en cuenta que al grado que se crece en tecnologías, información y comunicación, tengamos que ajustarnos a ello? En consecuencia ¿corresponde darnos el tiempo a la comparación?

Es muy probable que estemos viviendo una etapa en que nada debe ser visto al azar, es decir, con el nivel de información que hay segundo a segundo en los medios difícilmente podríamos decir entonces que un desajuste sobre lo contingente es explicativo de una mala gestión, más bien, de una mala información.

Ya no todo se reduce a una canción pegajosa o una frase publicitaria emblemática. Las partes externas de una nación son, a lo menos, referente fundamental en el discurso del poder. Quedar, por ejemplo, en la sombra de un perjudicial ideológico es injustificable si vemos todos los aspectos que a este problema le rodea. Queremos dar un tributo a la doctrina, al pasado, a eso que por un largo tiempo nos dio sabiduría para seguir, pero convengamos que eso ya no está del lado de las garantías representativas de hoy, por lo tanto, hay algo mayor que hacer.

Asumir un papel más activo en este asunto pone de manifiesto a priori un cambio generacional muy necesario, ya que los ritmos que se proponen en cuanto a calidad y destreza de dirección son radicalmente superiores y mucho más activos. Se habla hoy en día de decisiones grupales como único camino de solución, mientras que la autonomía poco a poco ofrece menos consistencia si además consideramos que tal vez el mercado, por otra parte, lo sugiere como un útil medio de avance.

Para dar con los buenos atributos siempre es necesario ponderar más oportunidades, menos barreras, más asociatividad hacia el futuro que mirar al pasado. Determinar una doctrina local como único aspecto valedero es dinamitar un puente de oro y por debajo la corriente de agua que se lleva todo los restos.

Quizás por esto es que estamos todos aprendiendo que el desarrollo no solo requiere capacidad intelectual, más bien logística compartida y política sustentable en una región que tiene todo para serlo. Entonces podemos decir que los países principales de Latinoamérica están en un momento realmente sensible respecto a una actualidad menos poética y más práctica, que por ser así, la urgencia que hay en resolver cualidades propias de un país y región productora de materias primas hace que no sea menor dar cuenta que se debe contar con tal punto de vista.

Todos queremos estar en el lugar de las oportunidades como un fenómeno positivo del día a día, sin embargo, hoy en el poder cuesta leer si esto está sinceramente en manos competentes o con amplitud acorde a los efectos sociales. Es valioso hablar sobre aquello, aunque no es suficiente en cuanto a práctica. Los cambios generacionales en el poder consideran incluso las materias a tratar y con qué asociatividad combinar una buena marcha. ¿Es esto entonces lo que tenemos frente a nuestras pantallas? Es muy probable, pero ¿qué acción debemos tomar inicialmente? Todavía es una prueba de fuego aclarar tal aspecto.

La verdad que para darnos de críticas, es cotidiano, pero referirse a alternativas de solución, tiene algo mejor a sólo plantearse en el problema. La pobreza, por ejemplo, en la mayoría de los casos proviene de la falta de oportunidades y el poco entendimiento de las herramientas disponibles desde las élites hasta el ciudadano menos favorecido. ¿Cómo resolver tal diferencia? Quizás dejar de ver las diferencias como una condición para mantener “el poder” en el lugar que menos daño pueda sufrir, sino, algo que realmente represente generacionalmente cuál es el pendiente principal que tiene la República.

Mauricio Gallardo, Chile.

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