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“El Chapo”, un santo en tierra de demonios

Ciudadanía 3.0

Por Juan Diego Balam Díaz
En 2014, unas dos mil personas se manifestaron en Culiacán por la liberación del Chapo. | Fotografía: Carlos Sicairos, Cuartoscuro.
En 2014, unas dos mil personas se manifestaron en Culiacán por la liberación del Chapo. | Fotografía: Carlos Sicairos, Cuartoscuro.

Hoy, jueves 25 de febrero, antes de ponerme a redactar este artículo, veía parte de una entrevista realizada por el equipo de Jorge Ramos a la esposa de nuestro amigo Joaquín, “el Chapo”, Guzmán. Nunca había visto una entrevista a la señora e imaginaba que sería una mujer ya grande con el rostro cansado por la vida de persecuciones que su cónyuge lleva desde hace varias décadas. Mi sorpresa fue ver a una joven —de unos 35 años—, guapa a la vista y con el rostro tranquilo, sólo perturbado por la entendible preocupación de una mujer por su esposo.

Pero lo que más me llamó la atención fue que en la entrevista, Emma Coronel Aispuro dice que “el Chapo” se dedica “al maíz, al frijol y a todo eso, […] sobre todo lo que lo acusan, no tengo conocimiento”, afirma, minimizando la vida criminal de un hombre, que sin querer hacer daño —probablemente—, hiere enormemente al país.

Entonces me puse a reflexionar y, la verdad, parece increíble, pero, después de la recaptura del capo más importante en las últimas dos décadas, empezaron a surgir muchas campañas —en redes sociales— para endiosar y restarle culpa al traficante de droga más grande, al menos, en América. Joaquín se ha ido convirtiendo en héroe de muchos —por burlarse del gobierno al escapar en dos ocasiones—, pero lo realmente preocupante es que la figura del narcotraficante cada vez se vuelve más atractiva para las nuevas generaciones. Lo entiendo, pero no estoy de acuerdo.

Lo entiendo, precisamente, porque un narcotraficante ha “ganado likes” gracias a su irreverencia frente a un gobierno corrupto, lleno de trabas para el ciudadano y que se ha ganado la enemistad de la mayoría de los mexicanos. El gobierno en México sigue viviendo en los noventas, donde la gente aún se tragaba todo lo que “papi gobierno” decía; siguen creyendo que el pueblo es ignorante y tonto —tal vez haya algunos, pero ahora tienen Facebook—; y siguen gobernando sin el pueblo y se lo han ganado.

No estoy de acuerdo porque si somos un pueblo con memoria, sabemos que vivimos con una cúpula política corrupta, pero también deberíamos tener presente que el narcotráfico y la lucha armada es la principal causa de homicidios en el país y una triste historia para algunos que desde chicos son reclutados por el ejército de la ilegalidad, entrenados para distribuir y asesinar, sin opción a decir “no”.

Es peligroso hacer héroe a quien, como nuestros políticos, es culpable de la situación que vivimos. Estamos haciendo atractivo un rol por el que algunos empezarán a optar voluntariamente, cuando hay muchos que entran a ese círculo renunciando a su niñez sin ninguna explicación.

En México, somos propensos a catalogar en héroes y villanos a todos, pero olvidamos que somos personas con aciertos y errores, que merecemos ser vistos como tal. Irnos siempre a los extremos es nuestro mayor pecado y ahora esto nos puede traer generaciones de jóvenes que tengan por opción para su plan de vida el narcotráfico y la delincuencia; algo indeseable para un país que ya tiene bastante con los demás problemas por resolver.

Admiremos a quien realmente lo merezca por el conjunto de sus acciones, no por una sola. Hay tantos líderes sociales emprendiendo en causas justas y nadie los apoya. Demos una mano a quien la merece y está haciendo un cambio real.

Hagamos un ejercicio de conciencia, pues pronto también seremos culpables de la corrupción —por ser indiferentes sobre la política y las cosas del ciudadano—; tan culpables del narcotráfico, que causa tanto dolor —por hacer “santo” a quien no debió llegar al altar—.

Juan Diego Balam Díaz, México.

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Un comentario

  1. anonimo
    | Responder

    su esposa tiene 26 años ahora

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