Ajustes necesarios

Péndulo

Por Mauricio Gallardo
Los precandidatos Trump y Sanders. | Imagen: empo.com.mx
Los precandidatos Trump y Sanders. | Imagen: empo.com.mx

Siempre nos debemos a que más temprano que tarde, damos cuenta de la alta sensibilidad en que se transforman algunos temas considerados “de lento desarrollo”. No significa esto que el tiempo se dilata más de lo necesario, más bien, que el trabajo que demanda tales ideas, es sumamente minucioso. Acercarse si quiera a tal condición, pone en jaque cualquier intento de cambiar las reglas del juego en el sentido de pensar distinto a prioridades, en especial, sociales. La política tiene mucho que decir al respecto, ya que las necesidades están dando que hablar en este sentido.

Es muy aventurado al mismo tiempo hablar en algunos casos, como si esto se tratara en cierto grado de abandono de deberes, o falta de comprensión pública. En este sentido, decimos que la cercanía que existe entre la interpretación de las necesidades, versus, las realidades que le acompaña, tiene necesariamente que ser evaluado con alta dosis política. Claro que esto no se trata de excusas, más bien, con ello se observa de cómo esto va a repercutir en el tiempo. Entonces lo que está en juego, independiente de la forma en que se está realizando ciertos tipos de gestión, o de lo que sucede en lo contingente, vaya de la mano con asuntos muy concretos, pues de lo contrario, estaremos hablando en corto plazo de un débil liderazgo (si es que existe).

Es clave entonces poner en el lugar que corresponde el significado de los oleajes propios de una sociedad en evolución, tanto en el ámbito del conocimiento como también en el resultado de los hechos que le acompaña. Seguir este modelo sí que trae beneficios, pero no quiere decir que quedará así para siempre, y eso debe tomarse muy enserio, especialmente cuando se habla de garantías.

Los ejemplos de las coaliciones políticas no tienen otro fin que desafiar cualquier intento externo que quiera “derribarlos”, incluso, si ello también no responden a la brevedad con realidades maduras y al mismo tiempo, inexactitudes revolucionarias. El enjambre que esto produce es más bien un colosal frenesí por rescatar lo más rápido posible lo que por tanto tiempo tomó construir. Una jugada que no deja a nadie exento si esto se trata de tiempos modernos.

Asumir un rol menos codicioso también tiene algo de riesgos, es decir, a medida que se hacen más evidentes las normativas que probablemente generaron algunos problemas de hoy con el pasar de los años, con mayor razón se buscará la explicación para justificarlos. Esto, algunos le llaman “política”, y claro, por cierto que no lo es. Adentrándonos más al “juego”, notamos un cierto grado de incomodidad en los espacios más representativos, de esos que en un segundo se recorren todos los años de esfuerzos que los destinaron a ese sitio. Digamos que esto genera un impacto a la medida que no se aclaran por lo menos los fines por los cuales está hecho tal escenario. En ningún caso deberíamos pensarlo dos veces cuando vemos alguna diferencia y si es que la contingencia está tan veloz como el acceso a la información.

Tomar pulso de aquella situación es muy interesante, ya que ello indica a ratos que hay una lectura mayor a una decisión de momento. La política por un lado, siempre estará defendiendo su base doctrinal, mientras que las ideas de los mercados, por ejemplo, se ve encerrada en el lugar de la evolución y transformación constante. Es por ello entonces que poner prioridad a qué realmente nos está comandando, es fundamental en un desarrollo muy distinto a hace una década atrás. En consecuencia, la verdadera responsabilidad de cómo está evolucionando una nación, o región de naciones, simplemente se reduce a principalmente, que tipo de liderazgo estamos escogiendo, si es una que refleje madurez histórica, y bien, algo que represente la aceleración fundamentalmente económica.

El cuidado que se debe tener sobre este asunto es sustancialmente símbolo del equilibrio social. El poder por un lado, siempre tiene en el escritorio la presencia de estos “dos vasos”. La sencillez y capacidad, como también sabiduría que se ejerza sobre estos asuntos, es tan relevante como hablar de vida y oportunidad del desarrollo de esta. No es un asunto ideológico, aunque ello parezca así, más bien, es algo práctico el cual nunca se debe perder de vista.

Finalmente debemos plantear con frecuencia que siempre estaremos frente a la imponente prueba con alternativas, lo que trae a colación un cuestionario sobre nuestro real progreso y no una interpretación del mismo. En cuanto a desafíos, la mejor forma de tratar con ello siempre ha sido saber convivir con ello, y que en el camino los acuerdos tengan sentido futuro y no un simple a lago a una palabra de ánimo. Convengamos que es ese el asunto de fondo, del cómo nos asociamos a una nación en desarrollo y uno desarrollado, de cómo gastamos nuestro tiempo dentro de estos dos escenarios y si estamos dispuestos consecuentemente a ajustes necesarios.

Mauricio Gallardo, Chile.

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