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La Feria de Juan José Arreola

Portalápices

Por Guillermo Guzmán
Primera de forros de la novela La Feria, de Juan José Arreola. | Fotografía: mlstatic.com
Primera de forros de la novela La Feria, de Juan José Arreola. | Fotografía: mlstatic.com

En una plática sobre el cuento y su lugar en la literatura, un cuentista argentino dijo: “Les aseguro que del público que está aquí presente, pocos saben que Juan José Arreola escribió una novela llamada La Feria”. En el nutrido auditorio, en mayoría mexicanos, nos miramos a la cara con expresión desorientada, como a quien le preguntan sobre alguna teoría cuántica.

Comúnmente, el escritor jalisciense —Arrelola— es conocido por ser uno de los máximos exponentes del cuento corto en lengua española; son rememoradas sus obras Confabulario, Bestiario o Palindroma. Pero esta novela, escrita en el 63 y de la cual poco se sabe, es notable porque, fiel a su estilo, Juan José Arreola brinda un criptex literario.

Ajedrecista empedernido, Arreola muestra sus influencias en esta prosa de movimientos pausados pero seguros. El autor jalisciense incorpora reseñas periodísticas, documentos antiguos, instrucciones para la siembra, mapas narrativos, mitología popular mexicana y diálogos de personajes provenientes de diversos estratos sociales, pero sobre todas las cosas, una historia matizada por una deliciosa ironía.

Zapotlán el Grande es el personaje principal de esta novela; su tradición mezclada con una polifonía de voces que celebran año con año la fiesta del santo patrono. Esta cronología festiva, que varias veces tiene tintes trágicos, es narrada en fragmentos por distintos personajes que juegan a contarnos su versión de esta feria próxima a realizarse; un estudiante, un vendedor de velas, una matrona de prostíbulo, un campesino, un incipiente ateneo de poetas, un sacerdote, unos caciques y un licenciado son los personajes que solamente son propietarios de una versión de la historia.

Juan José Arreola, poseedor de una prosa sintética, pero no por eso carente de profundidad, maestro del relato corto, pero de certero tino, nos muestra este ejercicio lúdico plagado de “señalamientos viales” entre capítulos: una rata, una milpa, un ferrocarril, una casa. Todos los ingredientes puestos para conseguir una sola voz; un amasijo de instantáneas que se hace llamar La feria de Zapotlán el Grande.

Guillermo Guzmán, México.

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