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Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

Portalápices

Por Guillermo Guzmán
Primera de forros de 'Cumbres Borrascosas'. Editorial: Simon & Schuster, Reino Unido.
Primera de forros de ‘Cumbres Borrascosas’. Editorial: Simon & Schuster, Reino Unido.

Cumbres borrascosas es un libro que había escuchado nombrar, pero que no había tenido la fortuna de leer. Con honradez, la literatura del siglo XIX, salvo que sean obras muy renombradas, no son mi fuerte. Agradable fue mi sorpresa al leer esta novela de Emily Brontë, considerada su mejor obra y, para muchos, un clásico de la literatura inglesa.

Emily era la quinta de seis hermanos y, al igual que sus dos hermanas, Anne y Charlotte, decidió dedicarse a la literatura. Destaca el contexto en el que Emily creció y escribió su novela: la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX, donde cualquiera podía morir antes de los 40 años —un dato interesante considerando que el promedio de vida, hoy, duplica esa cifra.

La educación para el papá de Emily era muy importante, por lo cual mandó a sus hijas a un internado para que fuesen formadas. Pero esta buena intención se tornó en un suplicio para la pequeña Emily, ya que pudo sentir, en carne propia, los rigores del hambre, la enfermedad y el frío que caracterizaron aquella época. De hecho, si yo hubiese escrito un libro en aquella época, lo llamaría El amor en los tiempos de la tuberculosis, ya que, en ese tiempo, era una de las enfermedades más comunes. Sólo basta iniciar la lectura de Cumbres borrascosas para darse cuenta del comprensivo miedo a enfermarse que tenía el señor Lockwood, pues el malvado Heathcliff no le dio permiso para pasar la noche en su casa, obligándole a irse entre las inclemencias del entorno nocturno —heladas, caminos inhóspitos y pantanos helados—.

La novela narra la historia de Heathcliff, un hombre malvado que por diferentes motivos, al ser huérfano, es adoptado por el señor Earnshaw. La pinta de este misterioso niño tiene visos inexplicablemente siniestros. Así, ante su presencia, los dos hijos de Earnshaw se dividen; mientras Catherine quiere a Heathcliff con desmesura, Hindley lo aborrece. Poco a poco, el amor entre Catherine y Heathcliff va creciendo, pero el beligerante carácter, la falta de refinamiento y los malos modales de Heathcliff hacen que Catherine desvíe su mirada a Edward Linton, antítesis de Heathcliff. El matrimonio de Edward y Catherine se convierte en una carga que Heathcliff no puede soportar, por lo que decide huir, dejando en aparente calma a la pareja.

El regreso inusitado de Heathcliff vuelca la frágil tranquilidad de Cumbres borrascosas, donde su hermanastro Hindley vive con su hijo Hareton y sus criados. Posteriormente, Heathcliff irrumpe intempestivamente en la granja de los tordos, donde Catherine y Edward viven; él ha regresado con el firme propósito de vengarse de Edward y Hindley.

Heathcliff es un personaje fascinante pero que instantáneamente despierta la antipatía del lector. Un hombre genuinamente malvado, cuya única razón de existir es el torcido amor por Catherine. Falto de escrúpulos, perverso y maquilador de venganzas, Heathcliff lleva hasta las últimas consecuencias su perenne maldad.

Resalta la técnica narrativa de Emily Brontë en esta novela, ya que la narradora es Emily Dean, antigua ama de llaves quien, a petición de un hombre llamado Lockwood, que alquila la Granja de los tordos, anteriormente propiedad de los Linton y ahora en poder de Heathcliff, pide como deseo expreso conocer la historia de este antipático hombre.

Una historia de amor gótico, lírico y pasional, donde las emociones de los personajes se desbordan. Un libro indispensable para conocer la polifacética estadía en el odio y el amor.

Guillermo Guzmán, México.

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