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Veintitrés años no es nada

Cartas abiertas

Por Elvis Zorrilla
Guardianes del tiempo, pintura en acuarela. Artista: Denny Bond.
Guardianes del tiempo, pintura en acuarela. Artista: Denny Bond.

Hoy, primero de abril, no ha dejado de sonar mi móvil. He recibido muchas llamadas y mensajes, y no me he atrevido a responder. Lo confieso, temo que mis palabras no sean suficientes para lo tanto que me han dicho y dirán. Por eso, he decidido escribir porque sé que la escritura abre y cauteriza, al mismo tiempo, las heridas.

Escribir, como lo dijo Enrique Verástegui, es un trabajo de alto voltaje. Hace mucho tiempo atrás, había optado por eso: escribir como un loco suelto, pero poco a poco fue menguando y, así, con el transcurrir del tiempo, dejé de hacerlo. Pero hoy no puedo. Hoy más que nunca tengo que hacerlo: coger un lápiz y un pedazo de papel para botar todo lo acumulado. Hoy, primero de abril, necesito plasmar lo que he callado durante veintitrés años.

A los veintitrés años, Ernest Hemingway se enrumba sin miedo a París, donde el movimiento modernista ya estaba en pleno apogeo; a los veintitrés años, el japonés Yukio Mishima publica su primera novela, Confesiones de una máscara, una obra valiente, descarada y delicada; a los veintitrés años, Edith Aron conoce al gran Julio Cortázar para luego inspirarle en la creación de uno de los personajes literarios más famosos: La Maga de Rayuela.

Toda esta información, ya conocida, es solo una excusa para contarles que hoy, primero de abril, cumplo 23 años. Y me temo que a esta edad no llegue a irme a Paris, ni publicar mi primera novela, ni conocer a una mujer como Edith Aron. Hoy, como todos los años, me siento frágil e indefenso. No miento, es hoy precisamente que viene a mi memoria algunos versos del segundo monarca del Reino de Israel: David. Él, que sentía lo mismo, decía en uno de sus versos: “Hazme saber, Dios, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto. Y mi edad es como nada delante de ti […]. Ciertamente, como una sombra, es el hombre; ciertamente, en vano, se afana; amontona riquezas y no sabe quién las recogerá.”

Ayer, luego de un arduo trabajo por caminar debido a una herida en la pierna, me puse el pijama, me metí entre las sábanas, cerré los ojos y, sabiendo que faltaban horas para mi cumpleaños, me dije: Elvis, veintitrés años no es nada.

Elvis Alejandro Zorrilla, Perú.

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