» » » Los años de peregrinación del chico sin color

Los años de peregrinación del chico sin color

Portalápices

Por Guillermo Guzmán
Primera de forros de Los años de peregrinación del chico sin color, editorial Tusquets.
Primera de forros de Los años de peregrinación del chico sin color, editorial Tusquets.

 

Leí Los años de peregrinación del chico sin color, del escritor japonés Haruki Murakami, por encomienda personal de una muy querida amiga. Es sorprendente la afinidad que tienen los libros hacia las personas —o bueno, al menos cuando así se concibe algunas veces—, es decir, que el personaje de un texto se parece a determinada persona y consideramos, por ende, que nos muestra una cartografía general de la misma. Creo que esa a fue la opinión de mi coetánea.

Antes de hablar del texto, hablaremos de algunas generalidades de Haruki Murakami. Primero, cabe mencionar que el imaginario colectivo sobre Japón, al menos en México, es reducido. Coloquialmente se relaciona con tecnología, gadgets, minifaldas de colegialas, caricaturas de éxito, Nissan, mangas, historietas y artes marciales. En una conversación corriente, pocos mencionarían a Akira Kurosawa —también conocido como “el emperador”—, a Yukio Mishima, a Hayao Miyasaki o a Toshiro Mifune —quien protagonizó la película Animas Trujiano de Ismael Rodirguez— sólo por mencionar algunos.

Sin embargo, es casi seguro que —aunque sea “de oídas”— un gran público conocerá a Haruki Murakami, varias veces nominado al Nobel de literatura. Algunos lo señalarían como el abanderado literario de los fatuos hipsters. Otros más, dirían que es el escritor de los posers intelectuales. Lo cierto es que este escritor ha mostrado un oficio literario que pocos tienen actualmente. Rodeado de una gran paradoja: ser buen escritor y además ser muy comercial,[1] sus obras siempre son garantía de éxitos de venta.

Nacido en Kioto en 1949, Murakami dio el salto a escritor de prestigio rápidamente. Resaltan sus textos Tokio Blues, Kafka en la orilla, De lo que hablo cuando hablo de correr (personalísimo ensayo sobre el acto de correr y el oficio del escritor), After Dark, entre muchos otros más. Los años de peregrinación del chico sin color, viene precedida por el millón de copias vendidas en Japón en su primera semana de publicación. Más allá de los ejemplares vendidos, vayamos directamente a la historia.

Es conocido que Murakami tiene una gran influencia de la música en sus novelas, y no es la excepción en esta historia, donde las cuatro primeras palabras del título tienen que ver con una pieza de Liszt. La novela relata la historia Tsukuru Tazaki, un ingeniero constructor de estaciones ferroviarias, y la búsqueda por encontrar su lugar en el mundo. Tazaki es un hombre adulto de treinta y seis años, con una vida sencilla, aparentemente, pero marcado para siempre por la tristeza que le ocasionó la ruptura inesperada con sus cuatro mejores amigos de juventud: Ao, Aka, Shiro y Kuro, dos hombres y dos mujeres (junto con Tsukuru), que forman, aparentemente, un núcleo indivisible. Sin embargo, un día deciden romper toda relación con él, sin más ni más. Esto abre en el personaje una herida que, aún dieciséis años después, no ha podido sanar.

Su relación con las personas cambia para siempre hasta que Tsukuru conoce a Sara, quien lo empujará a desenterrar el pasado y conocer los motivos que llevaron a esta separación de juventud.

La novela de Murakami intercala dos tiempos narrativos, tal como sucede en la cinematografía: un flashback y un forward. Por un lado, la vida del joven Tsukuru y por otro el presente del hombre maduro.

La búsqueda, la peregrinación de un explorador de la existencia. Los años de peregrinación del chico sin color es un texto que nos muestra que los personajes frágiles tienen un gran encanto: ficción y realidad se entrelazan a lo largo de los capítulos y, principalmente, en los sueños que se confunden con la realidad. Una atmósfera lograda; un impulso narrativo que invita a no despegarse de la novela ni un minuto.

Tsukuru, el chico sin color, nos muestra uno de los relieves más grisáceos de la existencia: la resignación. Una historia donde los personajes entran y se van, a veces, para nunca regresar. La peregrinación del chico sin color es un texto que trastoca las fibras más frágiles de la existencia humana.

La tristeza se desliza lentamente por las líneas de las hojas. Una gran poética aforística (si es que el termino existe), generoso en la narrativa. Una opción muy recomendable para conocer un poco de la obra del japonés Haruki Murakami.

 

[1] Un añejo elitismo hace acto de presencia: “El texto bien escrito no tiene porqué ser comercial”. Esto es un remanente de la corta idea de la cultura como beneficio de unos cuantos. Stephen King es buen escritor y es comercial; la Rayuela, de Julio Cortázar; y Los Cien años de soledad, de García Márquez, dan muestra de que la novela bien escrita, no siempre está peleada con los grandes números de venta.

Guillermo Guzmán, México.

Más sobre el autor

Los comentarios están cerrados.