Otra verdad más

Verdad Ajena

Por Jenny Fernández
Foto proporcionada por el autor.
Foto proporcionada por el autor.

Para empezar, sí, soy feminista. Sí, soy mujer. Y no, no soy el sexo débil.

Lo cierto es que no voy a reivindicar nada nuevo, pero viendo que la situación va cada vez a peor, considero oportuno e incluso necesario este artículo. Antes que nada, para poder entender la situación y sobretodo mi posición, he de dejar claro algo que creo que ya debería estarlo; y es que el feminismo busca la IGUALDAD DE GÉNERO. Creo que, para poder llamarse feminista, primero, se ha de tener dos dedos de frente, menos postureo, y más información.

Me quejo. Soy mujer y me quejo. Soy feminista y me quejo. Me quejo del maltrato, pero del maltrato a mujeres, hombres, animales e incluso a los árboles. Me quejo de los favoritismos. Me quejo de los desprecios. Me quejo de las exclusiones. Me quejo del “si es niño azul, si es niña rosa”. Me quejo del despido de mujeres embarazadas en empresas sin humanidad. Me quejo del “¿pero puedes con eso?” en el trabajo, por ser mujer. Me quejo del “déjala, tiene la regla”.

Así mismo, me quejo también del “todos los hombres son iguales”, del “¿qué esperabas?, es un tío”. Me quejo de los estereotipos, de los mitos y de las mismas bromas de siempre. Me quejo de no ver a penas hombres de la limpieza. Me quejo de los padres. De nuevo, lo vuelvo a hacer. Y lo siento. O no, en realidad deberíais sentirlo vosotros, porque estáis educando a vuestros hijos con los valores erróneos. Estáis educando niños que llegarán a casa de trabajar y no harán absolutamente nada, más que coger una cerveza y sentarse en el sofá a esperar que su mujer limpie, ordene, recoja, cocine y bañe al niño. Y lo peor, lo más triste, es que estáis criando niñas que permitirán eso. Y lo harán simplemente porque es lo que ven y creen correcto. También habrá casos contrarios, evidentemente, y serán igual de tristes.

Pero lo cierto es que no sé por qué motivo se considera a la mujer el sexo débil. De hecho, mucha culpa la tenemos nosotras. Digo esto porque en muchas ocasiones somos nosotras mismas las que nos menospreciamos e infravaloramos. Porque es muy cómodo que te suban la garrafa de 5L de agua y las bolsas, que pesan lo suyo y no vaya a ser que nos rompamos una uña. Y “ábreme esto que yo no puedo”. El “no puedo” es una excusa muy barata para no conseguir lo que queremos. Es muy cómodo ser princesas, pero luego no os quejéis.

Soy mujer y tengo el don de crear vida dentro de mi junto a un hombre. Soy mujer y sangro siete días al mes a lo largo de casi toda mi vida, y eso no te da derecho a considerarme un bicho raro. Soy mujer y puedo con la garrafa de 5L, porque mi cuerpo está hecho para soportar más peso y más dolor durante los 9 meses de embarazo y los siguientes. Soy mujer y te monto el mueble de Ikea más rápido que muchos hombres. Soy mujer y no soy el sexo débil. Estás equivocado si piensas eso.

Y para finalizar, soy mujer, y no, no soy un objeto sexual. Porque reviento si no me quejo de esto. Llevo varios años de mi vida ―y no desde que soy mujer con un cuerpo desarrollado, incluso siendo niña―, recibiendo miradas, comentarios, gestos, etc, los cuales yo NO he aceptado. ¿De verdad los “hombres” pensáis que a las mujeres nos gusta ir por la calle, o salir, y recibir esos comentarios, esas miradas y esos gestos? ¿De verdad creéis que nos sube la moral que nos llaméis guapas? No nos gusta. No nos gusta sentirnos intimidadas por vuestras actitudes de machito, y menos cuando vais en manada. No nos gusta ir por una calle sin gente y que estéis vosotros mirándonos con cara de pervertidos. Y me da igual si llevamos falda, vestido o un chándal, porque no vestimos para daros el derecho a faltarnos al respeto. Porque sí, eso es faltarnos al respeto. No somos un trozo de carne. Tenemos mucho más que ofrecer al mundo que un simple aparato reproductor, así que entended también que no por el hecho de hablar con vosotros queremos algo más allá que una conversación o una amistad. Asimilad de una vez que somos más que un par de tetas o una vagina andante. Y meteros en la cabeza, por o sin favor, que nuestra vida no gira a vuestro alrededor.

Pero esto, tenemos que cambiarlo nosotras. Somos nosotras las que no tenemos que permitir que nos intimiden, que nos traten como un objeto sexual, que nos acosen, que nos menosprecien, que nos esclavicen. No nos hace falta que nos llamen guapas, o que nos digan lo bien que nos sienta un pantalón, nosotras ya sabemos todo eso. Somos nosotras las que tenemos que saber de nuestra belleza, saber lo increíbles que somos, la fuerza que tenemos, la valentía, la inteligencia y las capacidades. Porque somos mujeres, ni más ni menos, perfectas como cada ser. Guerreras, luchadoras, sabias, fuertes, interesantes, bonitas. Libres e independientes. Arte, ilusión, amor. Verdad.

Soy mujer, y me siento orgullosa de serlo. Es por ello que exijo el respeto que, como cualquier persona, merezco.

 

He de aclarar que gracias a dios ―por decir algo― no todos los hombres son iguales. Como por desgracia, no todas las mujeres son mujeres.

Jenny Fernández, España.

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