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No somos ideologías, volvamos a pensar

Ciudadanía 3.0

Por Juan Diego Balam
Imagen Obtenida de: obarrense.wordpress.com | Autor desconocido.
Imagen Obtenida de: obarrense.wordpress.com | Autor desconocido.

Vivimos en un tiempo donde la información que tenemos a nuestra disposición es tanta que llega a saturar nuestras mentes y hemos dejado de procesarla (por flojera) para tragarnos todo lo que los medios de comunicación nos dan. Hemos dejado de leer libros de filosofía, historia o ciencias sociales para impregnarnos solamente de las emociones que nos provocan las novelas juveniles —entretenidas y que se disfrutan—, pero que nos dejan vacíos en otros aspectos si solo nos limitamos a leer eso.

Ya no nos formamos, solo nos informamos. En todo, el equilibrio es importante, sin ello podemos caer en excesos para cualquier lado. Creo firmemente que el auge de ideologías tan diferentes que existen hoy en día es fruto de la superficialidad que como sociedad vivimos: los capitalistas, los socialistas, las y los feministas, los conservadores, los liberales, los “supertolerantes” y los radicales que no toleran más que lo que ellos creen, etc.

No planeo aquí criticar a nadie, cada quien cree lo que quiera. Mi punto es, que la mayoría de las veces, tomamos una posición por comodidad o por ignorancia, por pertenecer a un grupo o dejar de tocar temas álgidos que provocarían el descontento de nuestros amigos o conocidos.

Como mencioné antes, no me importa que no creas lo que yo, siempre y cuando lo hagas porque cuestionándote y leyendo sobre el tema has llegado a la conclusión de que eso es lo correcto. La manera para diferenciar a una persona con una postura estudiada y a otra con una simple ideología es esta: la primera te escuchará y te explicará por qué no piensa como tú, pero siempre en un ambiente de cordialidad y buscando llegar a acuerdos comunes; la segunda buscará siempre la forma de imponer su postura y, cuando no pueda hacerlo, empezará a lanzar palabras despectivas hacia tu persona o se enojará.

Nosotros como jóvenes queremos todo masticado. Podemos estar frente a un maestro que sabe mucho y que tiene mucho para dar, pero si es aburrido nos evitamos el esfuerzo de pensar. Por otro lado, están los “intelectualoides” que para sentir que saben (a veces en serio saben) hablan en un lenguaje lleno de tecnicismos que a nadie le importan, eso aleja a aquellos que quieren inmiscuirse en los temas importantes como la filosofía, la economía, la cultura o cualquier disciplina que nos lleve a profundizar. Hay que hacer más sencillo lo que requiere profundidad para que la superficialidad deje de ser una opción.

Mi teoría es que, si logramos convertirnos en personas que piensan, lo que piensan por propio convencimiento y estudio, accederemos también a las mieles de un diálogo más allá de lo cotidiano que nos acerca a la construcción de la sociedad que queremos. No importa cómo pienses, lo imprescindible es que volvamos a pensar.

Juan Diego Balam, México.

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