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La inexistencia del desplazamiento político del Che

Dimensión Crítica

Por Samuel David Zepeda López
El Auditorio Justo Sierra, patrimonio de la UNAM, hoy es “tierra de nadie”. | Fotografía: Digital Post.
El Auditorio Justo Sierra, patrimonio de la UNAM, hoy es “tierra de nadie”. | Fotografía: Digital Post.

Dentro del campo de la mecánica, existe un concepto llamado “desplazamiento”, el cual es una forma de medir, mediante un vector, la distancia que recorrió un objeto que pasó a un punto (B) desde su lugar de origen (A), es decir, al desplazamiento sólo le interesa el cambio entre la posición inicial del objeto y su posición final, por lo que puede existir un objeto que recorra inmensas distancias, pero si éste, al final de su trayectoria, regresa al lugar de origen, su desplazamiento será igual a cero, pues su punto inicial y su punto final serían los mismos sin importar todo lo que ocurrió entre esos dos momentos. Con ello en mente, quisiera sacar este concepto del campo de la física para trasplantarlo en el campo de lo político y así dar cuenta de lo que ocurrió hace poco más una semana en el auditorio conocido como el Che Guevara —oficialmente Justo Sierra— de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Este auditorio, luego de ser el foco de atención de muchos medios de comunicación y someterse a una serie de discusiones y movilizaciones políticas, terminó quedándose exactamente como estaba, en otras palabras, no sufrió desplazamiento alguno. ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué las movilizaciones y señales de protesta resultaron infructuosas? ¿Por qué después de tanto ruido, la rutina universitaria regresó a su antiguo devenir?

Baruch Spinoza, filósofo holandés de finales del siglo XVII, nos dice en su Tratado político que el ser humano, de forma natural, goza de ciertos atributos “heredados” por Dios; uno de ellos es el poder, el cual se necesita para vivir y mantenerse así, además, dicho poder, nos dice, se ve identificado con el derecho natural: “el hecho de que el poder por el que existen y actúan las cosas naturales es el mismo poder de Dios, comprendemos, pues, con facilidad, qué es el derecho natural. Pues como Dios tiene derecho a todo y el derecho de Dios no es otra cosa que su mismo poder […] se sigue que cada cosa natural tiene por naturaleza tanto derecho como poder para existir y para actuar”[1].

Según Spinoza, el ser humano, gracias a los atributos que le vienen dados por Dios (aunque en menor grado), tiene derecho sobre todo aquello que logre conseguir mediante su poder: “el derecho natural de toda la naturaleza y, por lo mismo de cada individuo se extiende hasta donde llega su poder”. Así, según Spinoza, la única limitante para nuestro derecho natural, para que se realice nuestra voluntad, sería que se confrontara con otra voluntad que desease lo contrario que nosotros, pues el poder de cada individuo es igual que el de todos los demás y si dichos poderes o derechos se contraponen, nuestros deseos se verían reducido o anulados gracias a la contraposición de potencias de igual magnitud.

Por esto, Spinoza resuelve que lo mejor que se puede hacer, para disolver aquel problema de contraposición de poderes o derechos naturales, es la unificación de los individuos y con ello la suma de sus poderes: “si dos se ponen mutuamente de acuerdo y unen sus fuerzas, tienen más poder juntos y, por tanto, también más derecho sobre la naturaleza que cada uno por sí solo. Y cuantos más sean los que estrechan así sus vínculos, más derecho tendrán todos unidos”.[2]

Teniendo en cuenta lo planteado anteriormente, la voluntad de todos apuntando de forma individual a su propio camino, sin dirección conjunta alguna, podría producir antagonismo con la voluntad de alguien más, lo que contraería problemas, pues dichas voluntades en su poder limitado personal se anularían y eliminarían entre sí, produciendo de este modo impotencia.

Ahora bien, la suma de voluntades aumenta el poder y las posibilidades, de los sujetos unidos, de realizar su voluntad, sin embargo, esta suma de voluntades puede confrontarse, como pasaba de manera individual, a otra suma de voluntades que quisiera lo contrario, o bien el mismo objetivo, pero con distinta finalidad, lo que conduciría a una confrontación, así como disminución e incluso anulación de fuerzas.

Algo similar ocurrió la semana pasada, en un ejercicio inútil por tratar de modificar la situación pecaría del auditorio Che Guevara, veamos: existen un numero de grupos diferentes de personas —nombraré sólo los más evidente, pues pueden existir otros— que tienen diferentes posturas en torno a la situación del Che, los llamaremos: A, B, C, D, E, los cuales desearán el objetivo Z, el auditorio Che/Justo Sierra. Ese objetivo es el deseo de las voluntades de todos los grupos: El grupo A quiere que el auditorio se recupere y que su administración se dé por vía institucional, es decir, regresar a un estado anterior a la huelga del 99; el grupo B quiere que el auditorio se recupere, pero no quiere que su administración vuelva a su estado anterior, sino que busca una administración diferente, en su mayoría optan por una administración tripartita, configurada por alumnos, profesores y trabajadores; luego, el grupo C quiere que el auditorio sea recuperado, pero que la administración sea únicamente de alumnos; el grupo D quiere que la okupa continúe; y, finalmente, el grupo E es indiferente ante lo que pase, sólo le preocupan sus clases.

De esta manera, tenemos 5 grupos distintos, cada uno de ellos compuesto por la suma de voluntades y de poder de los diversos individuos afines a su propósito. Entre más individuos se adhieran a una perspectiva, más fuerza tendrán, sin embargo, las voluntades de cada grupo apuntan a objetivos diferentes, por lo que, si se contraponen, se restan fuerza o bien se anulan entre ellos, es decir:

Figura 1, todos los grupos, cuyo objetivo es el auditorio, tienen intereses divergentes que anulan la fuerza de sus voluntades.
Figura 1. Todos los grupos, cuyo objetivo es el auditorio, tienen intereses divergentes que anulan la fuerza de sus voluntades.

 

De esta manera, las fuerzas de todos los grupos en pugna terminan por anularse por completo o por debilitarse a tal grado que terminan por tener una potencia tan mínima que les es imposible cambiar la situación dada. Es decir, los grupos con posiciones en disputa se concentraron más en ver sus diferencias que en ver sus similitudes, lo cual terminó por confrontar sus fuerzas. Por ejemplo, el día viernes de la semana antepasada, un grupo de personas citaron a un mitin enfrente de rectoría para manifestarse en contra de la okupa del auditorio, sin embargo, el mitin fue interrumpido y “reventado” por gente con opiniones diversas a las de los convocantes; lo interesante fue que, luego de que se diluyera el mitin inicial, se formaron varios grupos de discusión pequeños en algunos de los cuales participaron los opositores y quienes reconocieron estar en contra de la okupa, pero no a favor de lo que planteaba el mitin. Otros, tacharon el evento como ilegítimo porque entre uno de los organizadores se encontraba un militante del PRI, con lo cual, de manera ad homminem, se le restó fuerza al grupo A, lo que ocasionó que mucha gente que quería involucrarse políticamente y que se sentía más afín al objetivo A se mantuviera al margen.

En otras palabras, la gente del grupo B vino a oponer su voluntad con la del grupo A, confrontando y anulando sus fuerzas con las del contrario, en lugar de buscar una salida que beneficiara a ambos, pues aunque sus objetivos no distaban mucho, la manera de presentarlos termino por confrontarlos, igualmente gente del grupo B, y D atacó al grupo A restándole adeptos, voluntades y con ello poder político:

 

Figura 2. Como si se tratase de vectores de dirección opuesta y magnitud parecida, los grupos A y B anularon la fuerza de sus voluntades.
Figura 2. Como si se tratase de vectores de con dirección opuesta y magnitud parecida, los grupos A y B anularon la fuerza de sus voluntades.

 

A sufrió perdida de gente debido a los ataques contra uno de los organizadores, lo cual derivo que el grupo A pasara de estar conformado por A1, A2, A3, … An a ser un grupo A conformado por A1, A2, A3, A4 …An-1 , An-2, Anx.

Así, A ya no pudo sostener una confrontación con B, pero tampoco fue subsumido por ellos, lo que también ocasionó el debilitamiento de B, pues muchos de sus seguidores se enfrascaron en discusiones con el remanente del grupo A, sin conseguir ningún consenso.

Figura 3. El grupo A perdió adeptos y, como si fuese un vector de menor magnitud y dirección opuesta al vector B, la fuerza de sus voluntades se debilitó frente al grupo B.
Figura 3. El grupo A perdió adeptos y, como si fuese un vector de menor magnitud y dirección opuesta al vector B, la fuerza de sus voluntades se debilitó frente al grupo B.

 

Posteriormente, el grupo C se confrontó con un B debilitado y un A moribundo, restando más fuerza, dejando el grupo político restante tan debilitado que al momento de intentar confrontarse con el grupo D —el cual no ha perdido fuerza alguna, e incluso ha ganado algunos adeptos a través de la retórica— termina por no poder conseguir nada, mientras tanto, el grupo E se vuelve más grueso debido a la decepción de la gente que participaba en alguno de los movimientos ahora anulados, lo que termina evitando la transformación del estado dado de las cosas, derivando así en un desplazamiento 0.

Así, finalmente, me parece que el problema del auditorio, como el de muchos otros problemas que confrontan grupos de voluntades, termina por estancarse debido a la incapacidad de formar acuerdos, de notar y poner más énfasis en qué puntos y demandas coincidimos, en qué puntos podemos conseguir acuerdos y a partir de ahí dialogar para llegar a un acuerdo que beneficie a ambos grupos que en realidad no están confrontados. Tan sólo imaginemos que el grupo A y B hubieran tomado como punto de inicio sus afinidades y no sus discrepancias, que hubiesen dialogado y acordado qué hacer con el auditorio una vez recuperado, lo que el hubiese permitido conformar un nuevo grupo AB ahora más potente que sumase las voluntades de A y de B y que, además, fuese tan amplio que animará a gran parte del grupo E a sumar sus voluntades, dicho grupo conformaría una estructura política tan potente y legítima que no encontraría oposición suficiente, lo que nos llevaría a realmente cambiar la situación dada de las cosas.

 

[1] B. Spinoza, Tratado teológico político, ed. Alianza, p.90

[2] Ibidem.

 

Samuel David Zepeda, México.

 

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2 Comentarios

  1. Apolo
    | Responder

    Me agradó la forma de tu exposición del problema. Lo único que me parece que hizo falta en el análisis, y ya que usaste al bueno de Spinoza, es el hecho de no tomar en cuenta el uso de las pasiones en la política. El auditorio ocupado es la suma de años y años de pasiones de activistas de una forma de hacer política contra las pasiones, digamos, de quienes lo desean (re)convertir en un recinto académico. En fin, el tema es larguísimo y solo de pronto quería señalar esto.

    Saludos!

    • Samuel David Zepeda López
      |

      Muchas gracias Apolo, es buena idea lo de las pasiones para futuras referencias. Un abrazo

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