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Delirio, de Laura Restrepo

Portalápices

Por Guillermo Guzmán
Primera de forros, Delirio de Laura Restrepo.
Primera de forros, Delirio de Laura Restrepo.

 

Cierta vez, mi antiguo jefe de la oficina me decía: “Delirio es una novela que debes regalar a alguien con quien verdaderamente quieras estar, no hay pierde, yo se la regalé a mi esposa cuando apenas estábamos empezando a andar, y ya ves…”. He de ser sincero: no he ocupado la sugerencia de regalo para el ser amado, pero la curiosidad por leer el libro quedó intacta después de escucharlo. Así que fui a la biblioteca local a pedir prestada la novela; es raro, siempre suelo comprar los libros para mí, pero, aunque me da un poco de pudor decirlo, no confiaba mucho en el gusto de mi jefe, ni en el oficio literario de una escritora de la cual no había leído ningún libro.

La literatura es una serie de continuas sorpresas, unas buenas y otras tantas malas, pero siempre, en esa incertidumbre, uno se topa con hallazgos cómo estos. Delirio de Laura Restrepo, a pesar de las críticas de algunos detractores, es una novela magistralmente escrita e impecablemente armada; nada está de más, con un pulso y un ritmo narrativo vigoroso, una apuesta desenfadada que sacude en continuo vaivén la temporalidad de la historia.

Delirio es una novela muy colombiana, pero, esencialmente, muy bogotana. Haré un breve apunte: soy mexicano, pero a Bogotá le tengo un profundo aprecio por sus sitios donde pasé bellos momentos y por mis queridos amigos y amigas que son y viven ahí, y que toda esa realidad que la novela retrata, no les ha minado su espíritu y su germen de alegría, calidez y generosidad que en ellos perdura.

Agustina y Aguilar, se encargaron de transportarme a los lugares visitados en mi incipiente estadía: La carrera séptima, la parte sur de Bogotá, el Monserrate, el Parque de la Independencia, la 83 y las torres de Salmona. Por otro lado, el contrapunto que ofrece un personaje como Midas McAllister es preciso, yo diría casi quirúrgico, muestra la vida fuera de Bogotá, de una Colombia con sus falencias, pero también con su perenne deseo de restitución.

En fin, los viajes literarios nos confrontan, pero también refrescan y deshielan los recuerdos; y eso es algo que tenemos que agradecer. Delirio es una novela extraordinaria, la cual no sé si recomendaría con la misma vena romántica que mi ex jefe, pero de algo estoy seguro, esta novela no dejará a nadie indiferente después de su lectura.

Guillermo Guzmán, México.

 

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