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Sobre Rayuela, una antinovela

Portalápices

Por Guillermo Guzmán
Primera de forros de Rayuela, Editorial Sudamericana.
Primera de forros de Rayuela, Editorial Sudamericana.

 

Julio Cortázar es uno de los grandes referentes de la literatura. Hoy día, con la volatilidad de los flujos de información en redes sociales, es común ver frases del escritor argentino. Muchas de ellas extraídas de la novela Rayuela.

Estacionados como sociedad en la posmodernidad, donde la información no es verificada, vivimos la actitud acomodaticia del “toma lo que quieras”. Así, salpicados por esta parafernalia, encontramos a un lector hembra, como el mismo Cortázar define en su novela al lector pasivo, que no cuestiona nada, que acepta de buena gana todo lo que el escritor dice. Todos ellos y ellas, tienen su lugar asegurado en la superficie Facebook.

No podemos juzgar la dimensión exacta del impacto que la novela ha tenido en el público —sobre todo entre el público joven—. El éxito lo tuvo en los 60 y en las décadas siguientes sin ningún distingo. Hoy día, esta novela continua vigente, tanto que se ha elaborado una edición conmemorativa por sus cincuenta años de publicación. Pero fuera de todo lo anterior, ¿qué estaba pensando Julio Cortázar al hacer esta novela? Eso nos lo preguntamos todos.

El autor ha respondido, en las diversas entrevistas que brindó: “Hacer una novela que rompiera todas las estructuras de la novela tradicional”. Rayuela es un libro que, a todos, a primera hojeada, nos parece críptico. Sorprende que en la primera hoja aparezcan las sugerencias del autor: “Puede leerla en el orden corriente hasta el capítulo 56 y habrá concluido, o puede leerla en el siguiente orden sugerido” —y a continuación se muestra una tabla que mezcla números nones y pares que van desde el 1 hasta el 155, total de capítulos de la novela—. Olvidaba mencionar otras dos formas de leer Rayuela: como un libro común del 1 hasta el 155, o bien, en el orden que nos dé nuestra regalada gana.

Una de las primeras muestras del genio de Cortázar es dar la oportunidad de que el lector elija la forma en que quiere leer la novela. La numeración en los capítulos al margen de la página, tal como si se tratará de un directorio telefónico, no es para nada incidental, tiene la clara intencionalidad del cronopio argentino de que la lectura de Rayuela se haga como en una guía telefónica.

Rayuela coincidió en un punto medular de la literatura latinoamericana, junto con otros tres grandes exponentes de la escritura como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, quienes formaron parte del famoso Boom latinoamericano. Ellos mostraron ante el mundo de las letras, que también se podía escribir novela en español. Rayuela convive con el atrevimiento y propuesta de otras grandes novelas de sus coterráneos latinoamericanos: La región más transparente, La ciudad y los perros y Cien años de Soledad.

Pero ¿por qué Rayuela, pasan y pasan los años, sigue siendo un libro tan querido? Considero que por el enrarecimiento de la historia, los recursos literarios, los personajes, el jazz, la musicalidad de la narrativa, París y la militancia; rasgos que le brindan un sentido unitario a la novela. Casi siempre, tendemos a querer lo que se torna poco accesible, y Rayuela se sitúa en este territorio donde el lector es exigido.

De primera mano, he escuchado algunos comentarios de gran número de lectores que no concluyeron la novela. Varios adjetivos desfilan en torno suyo: aburrida, revuelta, inaccesible, cansada, rara. Con toda justicia ha ganado algunos de ellos. Yo sólo mencionaría al respecto que capacidad de asombro, constancia y gusto por la lectura son condiciones necesarias para acceder al territorio de Rayuela.

Malamente pensaba trazar una reseña de Rayuela, pero varios de los “voceros” de las frases de Cortázar acotarían la trama a la historia de amor entre Horacio Oliveira y la Maga (Lucía), su andar por el París de los 50, la vida bohemia y las tertulias intelectuales. Pero Rayuela es mucho más que esa trama de los porristas. Es el desdoblamiento de un personaje complejo como Horacio, es una ciudad hecha personaje: París son los personajes que interactúan y se mezclan para producir una masa informe del lenguaje, es la polifonía con cada una de las voces de una obra, cuya gran directriz es el atrevimiento.

Sólo basta nombrar a algunos de los personajes que juegan en dos dimensiones: el nombre y su seudónimo. Ellos dan muestra de que la historia fluye en varias direcciones: Rocamadour, Gregorovius, Etiene, Ronald, Babs, Perico, Morelli, Berthe Trepat, Wong, Traveler, Talita.

Particularmente, Morelli es uno de los más sobresalientes. Muchos lo consideran el alter ego de Cortázar. Este personaje es un escritor consumado, el cual por una azarosa coincidencia es atropellado frente a Oliveira. Horacio lo visita en el hospital y el escritor le da las llaves de su apartamento, lo cual le da la posibilidad de repasar la obra del escritor. Puntos que toma de referencia para su ideario, a través de las Morellianas, que son apuntes sobre la creación de una novela.

Rayuela es coherente al azaroso juego. No se sabe dónde caerá la roca que se arroja al dibujo del piso. La generación del siglo XX conocimos en el patio de juegos de la escuela un símil de la rayuela: el avión; éste consistía en dibujar una figura parecida a un aeroplano, con piezas rectangulares y en la parte superior un círculo dividido en dos. Se arrojaba una roca u objeto llamado tejo hacia el trazo del suelo y, acorde al número donde caía el objeto, el jugador saltaba por toda la numeración evadiendo el número donde estaba el tejo. El juego es reproducido en la historia, cuando Talita hace lo propio en el sanatorio donde trabaja Horacio.

Finalmente, sobre Rayuela, Octavio Paz nos brinda una certera opinión: «Prosa hecha de aire, sin peso ni cuerpo pero que sopla con ímpetu y levanta en nuestras mentes bandadas de imágenes y visiones, vaso comunicante entre los ritmos callejeros de la ciudad y el soliloquio del poeta.»

Guillermo Guzmán, México.

 

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