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Una opinión sobre el valorar

Ambivalencias

Por Eleutheria Lekona
Sunrise, de Monet.
Sunrise, de Monet.

 

No solo la belleza, la mayoría de nuestras valoraciones poseen una componente apriorística. Y algunas de ellas, una componente experiencial.

Por ejemplo, no es improbable que los objetos de la naturaleza sean nuestros primeros modelos estéticos. “La naturaleza es el arquetipo de toda belleza”, decía más o menos Sabato.

Y algo muy similar pasa con nuestras valoraciones morales; muchas de ellas están cimentadas en la experiencia, y cuando se cimientan en solo la autoridad o en solo la tradición, se está peligrosamente cerca de parir un conjunto de prescripciones morales que son, o inadecuadas, o tiránicas, o antinatura.

Pienso que si nuestros criterios éticos tomaran por criterio ulterior un criterio biológico, estaríamos en posibilidad de construir sistemas morales menos dañinos para la especie de los que hasta ahora se hayan construido (caso concreto, el judeocristianismo en su corriente neoplatónica).

Aquí, nuevamente, más que tomar por regla un apriorístico, debería tomarse por regla nuestras experiencias biológicas: si a mí me cimbra ver cómo golpean a un perro, por ejemplo, o a una persona, es porque algo en mi ser biológico —algo muy instintual— intuye que esos golpes actúan contra la vida de ese animal o de esa persona. Y si yo decido llamar “mala” a esa acción, no habrá sido por gusto —como algunos sistemas éticos pretenden defender—, ni un derroche de hedonismo: “Yo quiero que no le peguen al animal porque me place” (francamente, me parece reduccionista dicha posición), sino que habrá simplemente actuado un criterio biológico en mi apreciación.

Como para bien o para mal —no se sabe— existen unas personas incapaces de experimentar este tipo de empatías, llamados psicópatas, no siempre resultará sencillo para un grupo social determinar qué es bueno o qué es malo en tanto criterio biológico; pues podría darse el caso que se tomara como representativa del grupo la opinión de algún psicópata y, entonces, como esa persona con toda seguridad sería indiferente a los golpes del perro, ya no podríamos decir que golpear al perro es algo “malo”. Ya no gozaríamos de ese consenso.

Pero el consenso no es, ni por mucho, el mejor criterio ético. Si no hay un criterio biológico detrás, el consenso puede ser engañoso. Por ejemplo, en nuestras sociedades se ha estatuido por consenso la monogamia y se ha proscrito, en oposición, la poligamia. Ésta, me parece, ha sido una de las normas más antinatura que ha adoptado el hombre de la modernidad, pues si bien muchas personas pueden practicar la monogamia sin problemas (el amor puede hacer que nos parezcan indeseables cualesquiera otras personas que no sean nuestra pareja), lo cierto es que hay muchas personas definitivamente polígamas que necesitan de más de una pareja al tiempo. Si aceptáramos este hecho lejos de consideraciones moralizantes, creo que muchos matrimonios y familias podrían ser más felices y actuar en consecuencia a dicha realidad; es más, se tendría la opción de querer una relación así o de no quererla. El de la poligamia es solo un caso paradigmático, de entre otros muchos de nuestros tabús que lo único que han hecho es fomentar las deshonestidades en los grupos y reducir el margen de acción, la libertad de elegir un humano sus opciones. Si la poligamia no fuera prohibitiva, la gente simplemente tendría la opción entre poder llevar una vida monógama o una vida polígama.

Opino que en lugar de tener unos criterios éticos inmutables, inflexibles, intocables, incuestionables, se debería tener unos criterios éticos metanormativos que nos ayudaran a tomar decisiones, adecuando con flexibilidad dichos criterios a situaciones concretas.

Por lo demás, estoy de acuerdo. Estamos llenos de valoraciones (éticas, estéticas) que son puramente producto de idealizarse el hombre a sí mismo, o de idealizar en forma apriorística un conjunto de cosas que a él le parecen buenas y bellas. Contra esos modelos, creo que pueda hacerse muy poco y no nos queda más que aceptar esta tendencia a veces chocante de nuestra especie, a veces vana.

Me solté a escribir esto porque alguien de mis contactos aquí en Facebook posteó lo siguiente:

 

La belleza en sí es una simple palabra; ni siquiera es un concepto. Al juzgar lo bello, el hombre se considera a sí mismo como el modelo de perfección. Una especie no tiene otra alternativa que afirmarse a sí misma de esta manera.

Friedrich Nietzsche.

Eleutheria Lekona, Estados Unidos.

Publicado el 20 de mayo de 2013 en Je Suis Eleutheria.

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