Por si muero hoy

Verdad Ajena

Por Jenny Fernández

 

 

Por si muero hoy, o mañana, o pasado, quiero que esto sea publicado y leído. Por si me muero hoy, pido perdón, doy las gracias, sonrío, y le suelto un te quiero poco discreto al viento.

Pido perdón por no callar, por revolucionar, por contradecir, por volar, por reír, por negarme al “si es niño azul, si es niña rosa”. Por valorar, y valorarme. Por amar con cada parte de mi ser. Por ser. Por llorar de la misma manera. Por hacer la guerra cada noche, y el amor cada mañana. Por follar con ganas hasta perder la voz, y el maldito pendiente. Pido perdón también por mi tosquedad. Por mis carcajadas y mis silencios. Por mis miradas, que como yo tampoco callan. Por cada suspiro que fue escrito o retratado. Por cada caricia que no di, y por las que sí. Por cada te quiero que faltó, y los que me sobraron. Por quedarme más tiempo del debido aquél libro de la biblioteca —fue duro dejarlo—. Y por meter notas para el siguiente dentro de cualquier lectura que pasara por mis manos.

Por último, pido perdón por pedir perdón, porque sé, que volvería a repetir todo lo anterior.

Doy las gracias, en primer lugar, a mi corazón. No por latir, que también, sino por hacerme tomar la mejor y la peor decisión de mi vida. Doy las gracias a la luna simplemente por estar. Al sol, por enseñarme que hay sombra. A las estrellas, bueno, a éstas no hace falta que les diga nada. Le doy las gracias al viento, y como no, al que sabe su nombre. Gracias, a todos. Incluso a los que me abandonaron por el camino, a esos también, más que nada por desaparecer justo a tiempo. Gracias a mi sonrisa por ir cosida a mí. A mis lágrimas por no pedir nunca permiso al salir. Al arte, por invadir mi sangre, mi piel y mi alma en todas sus derivantes. Gracias a las puestas de sol que esperaban ser vistas por intelectos capaces. A los paseos de noche. Al mar. Al océano. A los abrazos que se dieron a tiempo. A la magia. La nuestra. Al don. El de la vida por ser eso, pura vida.

Sonrío, porque mereció la pena y la alegría. Sonrío porque para bien o para mal, fui yo. Sonrío porque fui. Porque sucedió. Porque no me di por vencida ni aún vencida. Porque fui libre y porque siempre hice lo que me realmente me movía. Sonrío porque una vez aprendí que no hay felicidad sin tristeza. Sonrío porque sonreí. Y porque amé y fui amada de la manera más honesta, pura y verdadera que puede haber. Amé y fui amada como nunca nadie entendió. Y hoy, muerta o viva, viva o muerta, vuelvo a sonreír mientras se lee esto porque seguramente todavía sea demasiado complicado de explicar algo tan sencillo.

Por favor, si muero hoy, sabed que morí feliz. Poned música. La que os pida el corazón. Mis cenizas, ya sabéis, al mar por favor. Y si muero mañana, o pasado, o dentro de quien sabe cuánto, sonreíd igualmente; pues si he muerto, significa que he vivido, sentido y experimentado todo lo que debía en esta vida.

Pero cuando muera, sea cuando sea, habrá Luna Llena.

 

Jenny Fernández, España.

 

Dejar un comentario