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Hechos de la jornada electoral: más allá de la especulación

Dimensión crítica

Por Samuel David Zepeda López
Conteo de votos en una casilla de Chiapas, en las elecciones intermedias de 2015 en Chiapas.
Conteo de votos en una casilla de Chiapas, en las elecciones intermedias de 2015 en Chiapas.

 

El día de hoy, domingo 05 de junio, en 14 estados de nuestro país y en la CDMX se llevaron a cabo elecciones: en la Ciudad de México se votó por quienes serán los representantes ante la Asamblea Constituyente, que redactará la constitución que regirá la CDMX; mientras que en Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas se votó por gobernadores, diputados y ayuntamientos.

Al momento, las cosas no toman un color solido; los resultados del conteo rápido son intermitentes, la lentitud y caída constante del sistema no nos permiten saber quiénes son los ganadores. Sin embargo, esto no ha sido, de ninguna manera, impedimento para que los diversos candidatos y líderes de partidos, desde sus correspondientes trincheras, se declaren ganadores de una jornada electoral que no tendrá resultados oficiales hasta el miércoles.

Podríamos enunciar aquí toda una serie de números acerca de quién va ganando, o podríamos también dar cuenta de las encuestas de salida de ciertas casas encuestadoras, en fin, podríamos sumarnos a la especulación colectiva que deja atrás a la bolsa de valores, pero preferimos sacar algunas conclusiones de hecho:

  1. Los partidos candidatos y partidos políticos no tienen respeto, ni valoran a las instancias oficiales. Declararse ganadores y hacer actos de celebración, basándote únicamente en instituciones ajenas (casas encuestadoras), o bien tomando como referencia menos del 50% de las casillas computadas, demuestran el poco valor y estima que se le tiene al INE como árbitro electoral.
  2. Ricardo Anaya es un retórico de primera. El presidente del PAN declaró, como si fuese un logro trascendente, que el PAN resultará victorioso en la gubernatura de tres Estados diferentes, cuando, primero, no se sabe si esto es seguro, y, segundo, era evidente que eso no podía pasar en el pasado, pues antes las elecciones tenían tiempos diferentes, nunca se juntaban las suficientes para siquiera poder competir. Es algo así cómo decir que nunca México había metido 3 goles en un partido de la copa América cuando se juega en EU, cuando esta es la primera vez que se juega ahí.
  3. Las elecciones son un concurso, el cual podemos interpretar como de popularidad o de impopularidad (dependiendo de cómo se vea el “vaso”). Es un hecho que la participación ciudadana en todos los Estados fue sumamente baja. En algunos lugares ni siquiera se llegó al 50% (en la CDMX no se alcanzó ni el 30%) y, si además le sumamos que hubo votos nulos, podemos decir, con certeza, que ningún partido realmente tiene de su lado a la mayoría de la población, es decir, la voluntad general no está de su lado. La victoria de todos los partidos es relativa, por lo que sería más correcto decir que los que resultarán electos no son los mejores, sino los menos peores entre los candidatos.
  4. El cinismo general. Casi todos los partidos se han pronunciado vencedores en uno o varios estados. Allí donde llevan ventaja, hablan de lo pacíficas y transparentes que son las elecciones, mientras que en los estados donde se ven desfavorecidos, señalan irregularidades, corrupción, compra de votos, poca transparencia, etc.
  5. En el caso de la Constituyente, la fórmula con que un candidato independiente puede pertenecer a la Asamblea es sumamente inconveniente, pues se toma en cuenta el número de votos validos emitidos y se les dividen entre 60. El resultado es el numero mínimo de votos que requiere tener un independiente para ser parte de la asamblea, es decir, puede haber un candidato independiente que tenga más votos que un partido y, aun así, no formar parte de la constituyente. Por ejemplo, en estos momentos se han contado 1’777 964 votos, a los que se le restan los 141 502 nulos, lo que se divide entre 60 y da como resultado 27’274.36, el cual sería el numero votos mínimos que requiere un independiente para formar parte de la asamblea, mientras que los partidos políticos se divide el número de votos que recibieron los partidos, es decir, la votación emitida menos los votos por independientes y se divide entre el numero de lugares que queden por ocupar de la Asamblea. Dados los votos válidos computados al momento (1’356’860), se requerirían 22 614 votos para tener un lugar en la Asamblea (1’356’860/60), por lo que se le piden menos votos a un partido que a un candidato independiente. Un partido podría tener 24 mil votos y ganar un lugar, mientras que un independiente podría tener 27 mil y no tener un lugar. A pesar de la evidente desventaja que implica ser independiente.
  6. Es necesario que se revisen los criterios, no sólo para que los independientes resulten electos, sino también para que estos puedan ser candidatos. Es sumamente raro que candidatos que consiguieron 75 mil firmas no consigan ni 10 mil votos, además de que es sumamente reprochable que se le otorgara la candidatura a personas que presentaron firmas de personas difuntas.
  7. MORENA se consolida en la CDMX. Otro hecho innegable es la tendencia al alza del partido de AMLO. MORENA cada vez le gana más la partida al PRD en la lucha por la capital. La ventaja del PRD es que los otros 40 constituyentes serán electos entre EPN y Mancera, por lo que eso, sumado a quienes ingresen por la vía electoral, se volverá un contrapeso que evite la hegemonía de MORENA.
  8. Otro hecho interesante es que ningún partido arrasó por completo. En ninguna de las elecciones el margen entre primer y segundo lugar es tan amplio. Tal vez el de MORENA sobre el PRD, en la CDMX, es una distancia importante, pero en los demás lugares la ventaja es frágil. Esto, con miras al 2018, resulta sumamente interesante, pues la pelea se tendrá que desbalancear nuevamente con figuras y no tanto con partidos.

 

Samuel David Zepeda López, México.

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