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Algunos mitos y verdades del concurso de admisión a la UNAM

Dimensión Crítica

Por Samuel David Zepeda López
Jóvenes esperando su turno para resolver el examen de admisión y, así, participar en el concurso de ingreso a la UNAM. | Fotografía: Joyce García.
Jóvenes esperando su turno para resolver el examen de admisión y, así, participar en el concurso de ingreso a la UNAM. | Fotografía: Joyce García.

 

Año con año, el mes de julio se vuelve una época primordial para la gran mayoría de los jóvenes con pretensión de estudiar una carrera universitaria en nuestro país, pues durante este mes se entregan los resultados de los exámenes de ingreso a nivel licenciatura para la UNAM y el IPN.

El próximo 17 de Julio, la UNAM, a través de su página de internet y en la mayoría de los periódicos de circulación nacional, dará a conocer los resultados de uno de los dos exámenes anuales para ingresar a la licenciatura en el sistema escolarizado (hay un 3er examen que se realiza en noviembre, pero sólo es para ingresar al sistema abierto y a distancia). Durante el 2015, en su análogo examen de junio, según datos de la misma UNAM (escolar.unam.mx), de un total de 60 254 aspirantes, sólo fueron admitidos 6 893, es decir, aproximadamente un 11% de las personas que registraron para el examen logró ingresar a la máxima casa de estudios del país, pero ¿cuáles son los criterios que se usan? ¿Por qué tan pocos aspirantes logran entrar? ¿Acaso es cierto ese lugar común de que quién no entra es porque es un “huevón” que no estudió? ¿Sólo los realmente estudiosos entran?

Para poder contestar estas preguntas tendremos que entender el proceso del examen de admisión a la UNAM. Como ya expresamos, si deseas entrar a una carrera en la UNAM en su sistema escolarizado —es decir, presencial— y no perteneces a alguno de los bachilleratos que forman parte de la UNAM —alguna de las 9 ENP o los 6 CCH— tendrás que realizar y “aprobar” alguno de los dos exámenes anuales, mejor conocidos como “exámenes de selección” o “concursos de selección”; uno de ellos se realiza en febrero y el otro en Junio. En caso de ser aceptado en cualquiera de los dos exámenes, podrás ingresar en agosto del mismo año a la licenciatura de tu elección en la UNAM.

El examen consta de 120 preguntas de opción múltiple y que se deben resolver en un máximo de 3 horas. En el examen se realizan preguntas de conocimientos generales que se supone recibiste durante el bachillerato. Esta prueba tiene una estructura general, pero presenta variaciones dependiendo del área de estudio para la que te estés postulando; si vas para una carrera del Área I (Físico-matemáticas e ingeniería), habrá más preguntas de matemáticas y está la posibilidad de que se te pregunte calculo integral; si vas para área II (Ciencias biológicas, químicas y de la salud), habrá más preguntas de química y biología; si optas por Área 3 (Ciencias sociales), habrán más preguntas de historia; y si vas para Área 4 (Humanidades y Artes), habrá 10 preguntas de filosofía. Lo que sí, sin importar el área para que postules, tu examen contendrá un mínimo de 25 preguntas de español, 25 de matemáticas y una variación en el número de preguntas entre las materias de: historia universal, historia de México, química, fisca, geografía y biología, además de las variaciones que ya enunciamos.

Si bien muchos conocen este proceso, también hemos de decir que el concurso de selección está rodeado de mitos y de ideas erróneas que son difundidas y aceptadas acríticamente entre la gran población de aspirantes. Así, primeramente, hemos de decir que este examen, contrario a lo que se cree, no se aprueba o reprueba, ni tiene una calificación mínima determinada de antemano para que puedas entrar. ¿Qué significa esto? El día de los resultados, se publica una lista por cada carrera que oferta la UNAM en donde se muestran los números de folio de todos los aspirantes a esa carrera y el numero de aciertos que sacaron en el examen, además, en la parte de arriba, aparece la leyenda “aciertos mínimos requeridos”; ese número indica que quienes sacaron esos aciertos, o más, lograron ingresar a esa carrera, mientras que los que no lo hicieron, no entraron.

En febrero de este año, por ejemplo, las personas que intentaron ingresar a la carrera de Filosofía, en la Facultad de Filosofía y Letras, tenían que obtener un mínimo de 96 aciertos. En los resultados publicados, de los 426 aspirantes que presentaron el examen, sólo 26 fueron aceptados, es decir, sólo 26 personas sacaron 96 aciertos o más. Pero ¿cómo se determina ese número? ¿Acaso lo determina la carrera, la Facultad o algún organismo en la UNAM? ¿Por qué Filosofía pidió 96 aciertos, mientras que Administración, por ejemplo, pidió 83? ¿Por qué Filosofía pide más si Administración, Contaduría y Derecho tiene mucha mayor demanda? ¿El que hayan pedido ese número de aciertos en febrero significa que pedirán esos mismos o más en Junio? ¿Piden lo mismo año con año?

El Concurso de Ingreso a la UNAM es, como su nombre lo dice, un concurso; es una competencia entre los aspirantes por ver quién se queda con los lugares que oferta la UNAM. En otras palabras, ni la universidad, ni ninguna de sus instancias internas, ponen el mínimo de aciertos necesarios para entrar; tampoco importa si tienes muchos o pocos aciertos, sólo importa que tengas más que los demás aspirantes que compiten contigo. La UNAM simplemente determina el número de lugares que se someterán a concurso. Cada Facultad hace notar que tiene cierto número de espacios disponibles para cierta carreras, a estos se les descuenta los lugares de los alumnos de “pase reglamentado”, es decir, los alumnos que provienen de alguno de los bachilleratos que pertenecen a la UNAM y que cumplen con los requisitos mínimos —promedio, numero de años que se tardaron en el bachillerato, entre otras cosas—, los lugares que quedan se someten a concurso de selección. Por ejemplo, en Filosofía se abren, usualmente, 25 lugares en febrero y 25 lugares en junio para quienes no vienen de pase reglamentado. Una vez determinados los lugares en competencia, se realiza el examen y las personas que tengan el mayor número de aciertos irán ocupando los lugares disponibles hasta que estos se terminen, es decir, no importa el número de aciertos que saques en el examen, sino el número de aciertos que tengas en relación con los demás que hacen el examen. Para continuar con el ejemplo de Filosofía, en el examen de febrero, ya que se calificaron los exámenes, podríamos decir que “se les acomoda” del más alto al más bajo, así, los 25 más altos son los que ocuparán los lugares disponibles, en este caso, como hubo varias personas empatadas en el lugar 25 se permitió que entraran 26.

Así, el concurso de selección es una mera competencia en el que pueden entrar los mejores, o bien, los menos peores, pues podría darse el caso de que sacaras 110 aciertos y te quedaras fuera de la UNAM, mientras que alguien en otra carrera podría entrar con 50 aciertos, ¡como de hecho pasa! El año pasado, por ejemplo, hubo quienes sacaron 108 aciertos de 120 posibles (9 de calificación) y se quedaron fuera la UNAM, mientras que hubo personas con 47 aciertos (3.96 de 10), es decir, no aprobaron el examen, pero sí se quedaron en la UNAM y en CU (Letras Portuguesas).

Asimismo, esto también nos demuestra por qué el número de aciertos mínimos varía en cada concurso. Como ya hemos mencionado, el número mínimo de aciertos depende, en realidad, de aquellos que concursan, por lo que el número puede subir o bajar. Por ejemplo, el año pasado Administración requirió un mínimo de  87 aciertos y Filosofía 99.

Así, no importa tanto la demanda de la carrera. Algunos piensan, entonces, que las carreras de baja demanda, por tener menos lugares ofertados, se vuelven más complicadas, mientras que las de alta demanda, por tener más lugares, se vuelven más fáciles. En nuestro ejemplo así parecería, sin embargo, medicina, que siempre oferta más de 140 lugares, rara vez “pide” menos de 100 aciertos, mientras que Letras portuguesas, que sólo tiene 13 lugares, llega aceptar a gente con 47 aciertos.

En otras palabras, el factor académico queda eliminado. No sólo lo digo porque alguien que saca menos de 5 puede entrar, también porque es un examen de opción múltiple en el que queda abierto espacio para la suerte y la maña. Puede ser que algunas de las preguntas que te toquen sean de los temas que no manejas; o bien, puede ser que sepas lo mismo que alguien con quien compites, pero esa persona tiene la suerte de “atinarle” a un par de preguntas que no conoce y, con ello, saca más que tú; también, la gente que viene de alguna de las escuelas de preparación para el examen y que han realizado y memorizado preguntas de exámenes pasados pueden correr con la suerte de que les toquen algunas preguntas que ya conozcan; incluso, como suele pasar, podría ser el caso de que haces el examen el día sábado y, en algunos de esos lugares que preparan para el examen, recolectan algunas de las preguntas que se hicieron el sábado y se las hacen llegar a sus alumnos que harán el examen el día domingo, por lo que sus “alumnos” llegan con una gran ventaja, pues con que les pasen 20 o 30 ya es un número amplio de ventaja.

Con todo lo que he expuesto, podemos derrumbar los siguientes MITOS:

  • Las carreras de alta demanda piden más aciertos.
  • La universidad determina el número de aciertos.
  • El examen de febrero pide menos aciertos que el examen de junio.
  • El número de aciertos de otros años te dice cuántos aciertos pedirán en el siguiente concurso.
  • Quien no entra en la universidad (necesariamente) es un huevón.
  • Si te quedas afuera (necesariamente) es porque no estudiaste.
  • Quién entra a la universidad (necesariamente) estudió mucho.

 

Con todo ello vemos que el proceso presenta varios elementos cuestionables en su modo de selección, pero también nos hace darnos cuenta de que no todo el que ingresa a la UNAM por examen es un genio, ni todo el que se queda fuera es un huevón.

 

Samuel David Zepeda López, México.

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