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Los deportistas mexicanos: entre la crítica y la contracrítica vacía.

Dimensión Crítica

Por Samuel David Zepeda López
Alexa Moreno durante su participación en los Juegos Olímpicos de Río. | Fotografía: AFP.
Alexa Moreno durante su participación en los Juegos Olímpicos de Río. | Fotografía: AFP.

Desde la semana pasada, todos y cada uno de los atletas de los Juegos Olímpicos de Rio 2016 se han puesto ante la mira del mundo; cada día alguno de los participantes se vuelve objeto de juicio de millones de personas alrededor del mundo, comentarios que van desde el apoyo y admiración hasta la burla, las ofensas y el desprecio. Los Juegos Olímpicos, desde hace mucho, son uno de los eventos más observados del planeta, pero a diferencia de otras épocas, el día de hoy, gracias a la inmediatez y accesibilidad de las redes sociales, los grandes atletas ya no son sólo criticados por los analistas de la televisión, sino que ahora cualquier persona puede hacer escuchar su opinión y encontrar eco; así, los comentarios que antes se quedaban en los cuartos de televisión y las pláticas de café, hoy se replican en todos lados y pueden incluso tener alcances políticos.

Los últimos días han sido de un constante ajetreo en torno a una de los representantes de México en Río, me refiero al ya conocido caso de la gimnasta Alexa Moreno. La deportista se convirtió en objeto de burlas, comentarios y críticas que no tenían tanto que ver con su desempeño, sino con su físico. Lo interesante es que, así como surgieron las críticas, también hubo personas que salieron a su defensa, pero no sólo eso, durante los días siguientes un gran número de personas, organizaciones y figuras políticas salieron a la defensa de la gimnasta. Hasta ahí, me parece que muchas personas actuaron bien, contrarestaron las críticas extradeportivas y señalaron lo superfluo de los comentarios, sin embargo, la contrareplica también cobró otras dimensiones y comenzó a expresar argumentos igual de endebles y superfluos que el de los juzgantes.

Algunos de los argumentos que pretendían defender a la atleta sostenían que, como los que criticaban no pueden hacer lo que la gimnasta —o bien que, como no son atletas de alto rendimiento—, entonces no pueden emitir juicio alguno sobre la deportista. Sobre este punto me gustaría señalar que ese tipo de argumentación es lo que en lógica se conoce como ad hominem, es decir, en lugar de invalidar o replicar el argumento del contrario, simplemente se ataca y descalifica al que formula el comentario, sin tomar en cuenta lo que dice; es decir, cayeron en el mismo error que los que juzgaban a la deportista sólo por su apariencia física y no por su desempeño. A la par, también se podría decir que el argumento apela a la autoridad y que, entonces, sólo los expertos en materia pueden opinar de forma valida. Si tomamos estos presupuestos como ciertos, entonces nadie de nosotros podría opinar en materia de política, a menos claro que fuéramos políticos; no podríamos criticar la burocracia, a menos que fuesemos burócratas.

Por otro lado, se argumentó “que no deberíamos juzgar”, que “deberíamos estar orgullosos simplemente por el hecho de tener un representante en las olimpiadas y que deberíamos apreciar el esfuerzo de los deportistas de forma incondicionada”. Esta idea, que a primeras suena bien, en realidad tiene muchos problemas de fondo. En primer lugar. imposibilitar la crítica siempre será visto como un acto atroz; no podemos quedarnos en la simple aceptación de las cosas, pues el problema no es criticar, el problema es que las críticas no estén bien dirigidas. De hecho, los deportistas, del mismo modo que los políticos y las figuras públicas, siempre estarán sometidos a crítica, y los grandes deportistas siempre deben estar abiertos a escuchar la crítica. ¿Cómo podría ser posible la superación de un atleta si éste cree que realiza todo de la mejor manera? ¿Por qué negar la opinión de la gente? ¿Por qué querer que no exista crítica alguna? Sí, probablemente uno no tiene todos los conocimientos teóricos y prácticos de un entrenador, pero eso no imposibilita que, desde nuestra perspectiva, uno pueda llegar a visualizar algún error, el cual, si se expresa de manera correcta, puede ser una crítica benéfica para el deportista. En segundo lugar, hemos de recordar que los deportistas que van a las olimpiadas, en teoría, van apoyados por los recursos económicos de nuestros impuestos, por lo que nadie nos puede negar el derecho a hacer observaciones sobre ello y a solicitar que nuestros atletas vayan mejor preparados para que nos representen de una mejor manera, es decir, buscar que vayan a competir, no sólo a participar.

Ese último comentario nos lleva a otro problema: las instituciones deportivas en México. Otro de los argumentos que pretendía defender a nuestra atleta es que ella había conseguido todo por su cuenta, que había entrenado muy duro y que no recibía el apoyo que los representantes de otros países, lo cual es, en parte, cierto. El deporte en México no recibe un gran apoyo, sin embargo, tanto las victorias como las derrotas en eventos olímpicos dependen tanto del deportista como del medio que los rodea. Ambos factores son corresponsables de lo que suceda. Sí, puede ser que exista un gran atleta, pero si no tiene los medios materiales necesarios no podrá sobresalir, pero también es al revés, si hay los medios, pero el atleta no rinde como debe, no se puede hacer gran cosa. En México hay mucho que exigirle a las instituciones, en especial a sus altos funcionarios que no aportan nada al deporte, pero el que eso pase, no exime en ninguna manera de responsabilidad a la atleta. Ahí está el ejemplo del levantamiento de pesas y del boxeo, que a pesar de las fallas de la CONADE en uniformes y financiamiento, lograron el quinto lugar y, a la fecha, una medalla asegurada, respectivamente. Es decir, que la CONADE no brinde las mejores condiciones no exime de la responsabilidad a Alexa que se desempeñó por debajo de lo que se esperaba de ella, en especial si tomamos en cuenta su última intervención en el mundial de gimnasia, donde tuvo una gran participación.

Por último, hubo quienes quisieron usar la situación para impulsar agendas y proyectos políticos; quisieron sumarse al apoyo y al orgullo ciego que impide el desarrollo y la autocrítica de los deportistas. También hubo quien quiso sumarlo al gran problema de la equidad de género, machismo y discriminación de la mujer, el cual existe y se ha hecho evidente en las expresiones de periódicos y cronistas deportivos, pero en el caso especifico de la burla que se hizo de Alexa, me parece no es así, pues las burlas y comentarios que recibió durante unos días son las mismas críticas y burlas que reciben varios deportistas profesionales cada semana, en especial los futbolsitas, quienes, fin de semana tras fin de semana, reciben burlas en vivo y en las redes sociales sobre su desempeño, apariencia y complexión. Por ejemplo, están los casos de Moisés Muñoz y “Pikolín” Palacios. Igualmente cada semana podemos ver cómo los medios desprecian a los árbitros de fútbol, quienes también son deportistas profesionales y son juzgados sin remordimiento alguno —y muchas veces sin sustento reglamentario alguno—, tanto por el público, como por periodistas. Así, el problema, realmente, son aquellas personas que utilizan los medios para hacer críticas sin fondo, juicios basados en falacias y argumentos inválidos.

Es así que me parece no nos debemos cerrar a la crítica, cuando ésta es constructiva. Los señalamientos de internet, que sólo iban en son de burla, se deben descartar y eliminar, pero no por ello nos vamos a callarnos y no diremos que Alexa y muchos otros deportistas mexicanos tuvieron un mal desempeño, comparados sus resultados en competiciones anteriores. Alexa, por ejemplo, pasó de ser 7° lugar en el mundial de 2015 y de ser oro en los Centroamericanos de 2014, a ser #31 en Río, lo que implica una gran baja de rendimiento de su parte, y no querer ver esto nos hace igual de tercos que los que la atacaron vacíamente. Ni que decir de Aida Román, quien pasó de ser plata en Londres 2012 y oro en los campeonatos mundiales de 2014, a ser #38 en Río; o la selección mexicana, que de ser oro en 2012 quedó eliminada en la primer ronda. No podemos simplemente estar orgullosos porque clasificaron y participaron, la paupérrima actuación de los deportistas debe ser el impulso crítico que lleve a transformar el estado dado de las cosas en el deporte, una transformación radical que requiere críticas y cambios en las entidades deportivas (en especial la CONADE) y también una revisión autocrítica profunda de los deportistas que estuvieron muy por debajo de lo esperado.

Samuel David Zepeda López, México.

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