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Poco nos queda de humanidad

Crónicas de una inquilina

Por Ilka Oliva Corado

Por: Carlos Madrazo Silva
Por: Carlos Madrazo Silva

Poco nos queda de humanidad si es que en algún momento la tuvimos. Un planeta insalvable nos grita pidiendo auxilio. Nos hacemos los desentendidos y nos acostamos panza arriba a dormir la mona mientras todo a nuestro alrededor se va extinguiendo ante nuestra indiferencia de mediocres egocéntricos. Somos el deterioro de una especie destructiva, oportunista y jactanciosa. Somos el peor de los males. Cada día amanecemos con más especies en peligro de extinción, con la fauna y la flora en agonía, con las selvas tropicales a punto de ser desiertos y con las calles de nuestro barrio cundidas de basura. ¿Y nosotros? Con nuestro cuero más duro; más insensibles que el día anterior. Cada vez más niños en las calles, cada mes más feminicidios y más niñas, adolescentes y mujeres violadas, cada vez más embarazos producto de esto y el derecho al aborto que nunca llega porque cuestiona a nuestra doble moral. Cada día hay más desapariciones forzadas, más tráfico de personas para fines de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos, más migrantes lanzándose a las fronteras de la muerte. Nosotros cada vez nos acercamos más a ser tan corruptos como los grandes capos y nos acomodamos diciendo: ¿si ellos lo hacen, por qué yo no? Más mezquinos que un año atrás, sumisos cuando nos conviene y excelentes para vivir de apariencias.

Nuestra especie es la ponzoña de todas las criaturas que habitan en el universo. Corrompidos en cada una de nuestras acciones, nos convertimos en esclavos del consumismo y del chisme. Somos exceletes  para humillar al desamparado, para pisotearlo, para restregarle en la cara nuestra opulencia de bandoleros de doble moral. Esos residuos que nos permite el sistema porque somos tibios y acomodados.

Nosotros desconocemos de hermandad y solidaridad. La dignidad nos escalda, la lealtad nos ofende y que la conciencia nos hace los mandados. A nosotros la palabra humanidad nos crea úlceras y el respeto nos incomoda y nos enfurece. Somos una especie putrefacta que ni la aves de rapiña quieren comer. Nos devoramos entre nosotros mismos, ansiosos, urgentes, con la avaricia a flor de piel, con la maldad en los labios y la mirada.

¿Cuándo tendremos respeto por todas y cada una de las especies del planeta? ¿Cuándo vamos a luchar por salvar los ríos, los lagos, los mares, la fauna y la flora? ¿Y por la sonrisa de los niños marginados? ¿Y por la esperanza destrozada de los abuelos que mueren en el olvido de la sociedad? ¿Cuándo dejaremos la avaricia por la conciencia, el oportunismo por el compartir, la indiferencia por la solidaridad, la exclusión por la inclusión, los derechos para todos sin distinción?  ¿Cuándo vamos a luchar por la libertad de los pueblos? ¿Cuándo? ¿Cuándo seremos humanos?

Urge.

Era para ayer.

Ilka Oliva Corado, Estados Unidos.

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