Calidad

Péndulo

Por Mauricio Gallardo

Claramente esta es la finalidad de toda gestión, negocio, producto y servicio. No existe cuestionamiento al respecto, sin embargo, nota a ratos ciertos niveles de abandono, un ejemplo de ello se encuentra en los discutibles resultados que día a día podemos notar, no solo en proyectos públicos, más bien, desde los más simples y cotidianos del que somos participes.

La calidad, si se puede analizar, es bastante interesante. Se requiere planes de desarrollo, tiempos de ejecución programados, control absoluto de cada encargo requerido dentro del mismo, sistemas de alerta a cada intervención e incluso perturbación posible. Visión, discurso acabado sobre lo que se quiere como resultado, equipo de ejecutores conscientes, mano de obra acorde a lo planteado, estudios sobre posibles novedades, sean buenas o malas, además de sistemas de registros, etc.

La calidad además no solo se refiere a resultados externos a los proyectos llevados a cabo, también corresponde a beneficios programados. Costos y utilidades son el sentir eficaz y eficiente si es que cumple con las expectativas deseadas. Menor costo, mayor utilidad: un bien que todos sabemos, aunque increíblemente se olvida. Algunos voluntariamente, esperando controlar aquellos costos no esperados. Extraño pero cierto.

Esta terminología de los negocios es cada vez más común, sin importar el rubro o servicio. De acuerdo a lo que ahora vemos como gestión, es más bien control, lo que no significa que los resultados sean los mismos estudiados en principio. Un vicio asumido.

En general, los negocios, vistos frecuentemente atacados por perturbaciones inesperadas y en su trayectoria de ejecución cada vez más arduo, notan su calidad en mantenerse de pie y con actitud obstinada frente a los desafíos, caso de la vista positiva de estas vivencias.

La finalidad de los servicios es encontrar el bien común hacia la demanda y el demandado, en estos casos, de quienes encuentran la forma más terminada para acabar con parte de la necesidad creada. De acuerdo a esta definición, los proyectos siempre encontrarán la necesidad para existir y alimentarse indefinidamente.

En cuanto a servicios, tenemos algunos que no podemos dejar de destacar. El servicio de la educación, por ejemplo, de la salud, el servicio por generar trabajo. Estos son aquellos que podríamos llamar críticos. Desde el punto de vista de los proyectos, tiene una durabilidad indefinida, por lo tanto, estos deben ser creados con perspectivas a corto y largo plazo, una tarea titánica, pero posible.

Lamentablemente somos testigos de que cada proyecto de “negocio” ha sido organizado sin criterios claros de urgencia, necesidad, no respondiendo a lo más sensible moral y éticamente. Ejemplo: vida sana, educada, protegida, correspondida con las oportunidades necesarias para las nuevas generaciones. Para que decir entonces, la calidad. Su fin no se cumple con la dirección incorrecta, por lo menos a simple vista.

Convengamos que no hay dudas de la falta y abandono en ciertos criterios de servicio, increíblemente aun vemos a Ingenieros, Administradores, Abogados, Doctores, Artistas y Oficios en general, sin poder resolver lo fundamental, la calidad. Respondiendo a las demandas que están a la vista de cualquier ciudadano, nacen algunas preguntas: ¿Capacidad, entrega, competencia, compromiso negociable, falta de visión, costumbre, comodidad o estilo de vida? ¿Esforzados y desvalorizados? no lo sabemos, ¿Cuestión de calidad?

Lo que si podemos saber es lo que nos pasa cuando solicitamos el servicio y al contrario cuando somos solicitados. Algunos por derecho ciudadano, otros por oportunidades de acceso. Además tenemos aquellas nuevas ofertas que por fácil conquista, no resuelven el paso final, la satisfacción del consumidor de obtener resultados destacables. Tal vez no públicamente, suficiente con el logro personal.

La calidad sigue siendo el desafío principal en todo rubro y servicio, ámbitos que por lo complicado en algunos casos, necesariamente el negociado destaca por su destreza, más que los buenos resultados. Se ofrecen avances en materia educativa, pero no todos pueden llegar. Los avances tecnológicos están a disponibilidad de quienes lo requieren, aunque existen intermediarios que por su actuar interrumpen negativamente el espacio disponible. Se ofrecen repuestas a demandas de salud, pero a mediano plazo existen manifestaciones de no satisfacción, no solo por la calidad, además por falta de cobertura. Hay trabajo, aunque el motor empresarial no titubea en su insatisfacción por las leyes y protección de sus trabajadores. Se educa, pero siempre con criterios inaceptables a la hora de los resultados “logrados”.

Costo y utilidad, calidad y negocio, tal vez un cáncer difícil de sobrellevar. Se puede sobrevivir, pero no con la eficacia esperada para superar aquellos obstáculos perturbadores que día a día marcan una nueva forma de intervenir.

En fin, pese un escenario cada vez más tecnologizado, la calidad solo se limita a nuestro compromiso personal y social en busca de nuevas demandas, para finalmente crear lo que esperamos, el beneficio transversal. De esta forma entregar definitivamente un legado a  las siguientes generaciones que con menor o mayor conocimiento, puede relacionarse cómodamente a estos nuevos retos.

Hoy los cambios están directamente relacionados a una nueva mirada sobre recursos naturales. El potencial es enorme, pero, respuestas a lo que ahora es imposible, puede que se transforme en una lógica de momento, aunque la inversión está atenta a otro tipo propuestas, de alcance tal que, para llevar a cabo cualquier proyecto con fines a un mejor nivel de vida, pero no del todo en un plazo apropiado. En definitiva nada reemplaza el bien común de la ejemplar, calidad.

Mauricio Gallardo, Chile.

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